13.6.11

UNA LUCHA CÓSMICA EN UN CUARTO DE CHICAGO


Podemos imaginar al personaje que nos ocupa como un hombre solitario que desempeña pequeños trabajos en hospitales. Un devoto creyente que concurre a misa diariamente. Un sujeto algo extraño de infancia difícil que recolecta en sus largas caminatas objetos, diarios y revistas que traslada hasta su segundo piso que nadie jamás visita. Nada extraño hasta este punto.


Henry Darger (1892-1973) fue un anciano extraño y solitario como tantos otros en otras tantas ciudades del mundo, que perdió en la primera infancia a su madre y una hermana recién nacida, quedando al cuidado de su padre inválido. Alguien que desde los ocho años peregrinó por una sucesión de hospicios para luego ser recluído en una institución para niños mentalmente deficientes, desempeñando luego trabajos humildes en hospitales hasta su jubilación. Un hombre cuyo sueño fue adoptar una niña (petición que fue rechazada). Nada extraño hasta este punto. Pero aconteció que a los 81 años, Darger perdió la fuerza para subir la escalera hasta su segundo piso, esa habitación en la que vivió durante 40 años sin que nadie visitara. Se internó, entonces, en un asilo católico y su casero ascendió hasta ese segundo piso sin imaginar lo que podía encontrar:
.Un diario de dos mil páginas.
.Un registro meteorológico de once años.
.Una saga en quince volúmenes y quince mil páginas titulada La historia de las niñas Vivian en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, de la tempestad de la Guerra Glandeco - Angelineana; ocasionada por la rebelión de los niños esclavos.
.87 composiciones de colagge y acuarelas: que ilustran el relato.
El núcleo de la increíble epopeya de Darger es la lucha contra la brutal esclavización de niños y las heroínas de la historia son las niñas Vivian (siete doncellas hermosas y virginales dueñas de todas las virtudes). Vale decir, como dato ilustrativo de esta particular épica, que las niñas ilustradas por Darger estaban dotadas de pene (se ha considerado la posibilidad de que el artista desconociera la diferencia anatómica entre los sexos). Otra particularidad es que los niños del relato no crecen (no pasan de los 5 o 7 años). Sin embargo, y pese a que la causa principal de las guerras es la liberación de los menores a través de las fuerzas cristianas, la tortura de niños es descripta sistemáticamente por Darger.

Elsie Paroubec, niña estrangulada en 1911,  noticia sobre la que Darger conservaba un recorte que extravió.


En una oportunidad el artista extravía una de las tantas figuritas que recolectaba y este hecho lo conmociona profundamente (las grandes catástrofes suelen ser detonadas por las cosas más pequeñas). Entabla una lucha personal con Dios (de un creador de mundos al otro). Sobre los Reinos de lo irreal se desatan todas las catástrofes:
Los niños arrancados de sus madres frenéticas, fueron asesinados de todas las maneras imaginables. Muchos fueron quemados vivos en la hoguera, y muchos otros cortados en pedazos y sus restos quedaron esparcidos allí mismo. Y muchos niños parecía como si hubieran pasado por la máquina de picar carne.
John  Mc.Gregor dice que Darger exhibía un potencial para el asesinato en masa, compensado por su devoto cristianismo. Darger dedica cientos de páginas a describir los tormentos y muertes de uno y otro niño con interminables pormenores sangrientos. Los niños son estrangulados, ahorcados, decapitados, descuartizados, quemados en la hoguera, crucificados y la mayoría de las veces se les abre un canal y se les sacan las tripas. Los niños esclavos son apaleados, desnudados, condenados al hambre y asesinados.



Un mundo en que vivir

La obra de Darger, aún en estudio, constituye una las más vastas y sorprendentes epopeyas contemporáneas. Es la apabullante cosmología de un artista situado en los bordes. Un hombre de nula, casi imperceptible presencia social y poderosa ebullición interior. Una forma quizás para que todos los cataclismos estallaran en los Reinos de lo Irreal, es decir allí donde Darger eligió (tal vez no tuvo otra opción) vivir. Ese otro mundo que para él era mucho más cierto que la vida diaria. El artista murió seis meses después de abandonar el cuarto donde realizaba sus creaciones.



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