Antonio Porchia
Doce horas en una aerolínea holandesa con los auriculares clavados.
Pero asistir a un concierto de Mendelssohn en la catedral gótica de Trondheim,
fue peligroso.
Porque yo dejaría todo. Siempre queda algo por perder. Por dar.
Y yo vagaría por estas calles el resto de mi vida, feliz, atravesado por pasado, presente y futuro, tocado de historias, olvidado de todo nombre e identidad.

