29.5.09

POETAS ARGENTINOS CANTAN A LAUTREAMONT

imagen: enrique molina


...¡Abran a Lautreamont! ¡Y ahí tienen toda la literatura dada vuelta como un paraguas! ¡Cierren a Lautreamont! Y en seguida todo vuelve a su lugar. Para gozar a domicilio de un dispositivo intelectual perfecto, adopten pues en sus bibliotecas el dispositivo MALDOROR- POESÍAS...

Francis Ponge

Isidore Ducasse, conde de Lautrèamont (Montevideo, 1846—1870), resuena en español desde la mención que de él hiciera Ruben Dario en LOS RAROS.
Figura central en el arte del siglo XX, inspirador del surrealismo, a la luz de sus bello como, se puede leer hasta la obra plástica de Marcel Duchamp.
El nuevo siglo tendrá a su poeta — vaticinó en los cantos de Maldoror.
Y estas páginas dan testimonio de cómo se han escuchado los aullidos del montevideano.

MALDOROR / por OLGA OROZCO
¡Ay! ¿Qué son pues el bien y el mal? ¿Son una misma cosa por la que testimoniamos con rabia nuestra impotencia y la pasión de alcanzar el infinito hasta por los medios más insensatos?
(Lautrèamont. Los cantos de Maldoror)

Tú para quien la sed cabe en el cuenco exacto de la mano, no mires hacia aquí. No te detengas.
Porque hay alguien cuyo poder corromperá tu dicha, ese trozo d espejo en que te encierras envuelto en un harapo deslumbrante del cielo.
Se llamó Maldoror
y desertó de Dios y de los hombres.
Entre todos los hombres fue elegido para infierno de Dios.
y entre todos los dioses para la condenación de cada hombre.
El estuvo más solo que alguien que devuelven de la muerte para ser inmortal entre los vivos.
¿Qué fue de aquel a cuyo corazón se enlazaron las furias con brazos de serpiente.
del que saltó de entre los muros para acatar las leyes de las bestias,
del que bebió en la sangre un veneno sediento,
del que no durmió nunca para impedir que un prado celeste le invadiera la mirada maldita
del que quiso aspirar el Universo como una bocanada de cenizas ardiendo?
No es castigo,
ni es sueño,
ni puñado de polvo arrepentido.
Del vaho de mi sombra se alza a veces la centelleante
máscara de un ángel que vuelve en su caballo
alucinado a disputar un reino.
El sacude mi casa,
me desgarra la luz como antaño la piel de los adolescentes.
y roe con su lepra la tela de mis sueños.
Es Maldoror que pasa.
Hasta el fin de los siglos levantará su canto rebelde contra el mundo.
Su paso es una llaga contra el rostro del tiempo.

DE LAS MUERTES, 1952



TRINOS BLANCOS O NEGROS (FRAGMENTO) / por FRANCISCO MADARIAGA

...Y llegó el montevideano, Lautrèamont, que según Enrique Pichon Rivière nunca habría podido olvidar de su infancia El largo sitio (1843 a 1851), con sus asaltos, fusilamientos, patrullas y los homenajes con tambor apagado, como tampoco la ferocidad, bondad y colorido del gauchillaje oriental, que conoció largos paseos y nataciones por la orilla del río mar...

DE UN EXTENSO POEMA QUE DESCRIBE SU ITINERARIO POÉTICO, DEL LIBRO UNA ACUARELA MOVIL, 1985.


AL CONDE DE LAUTREAMONT / por EDGAR BAYLEY

al que ha dejado la mirada del pulpo
el ojo saliente del sapo y el higo comedor de asnos
al que fue al extremo de la sangre donde hierve la inocencia
y rescató la bujía del sueño y la cuerda tensa de la libertad

un cielo de cabellos mojados
una noche de alabastro
un buey rojo de alas batientes
un arriate de leña y de carbón
una marsopa ocular
una ciudad resucitada

al que ha dejado abierta la herida del vampiro aullante
las garras y los órganos chupadores
los reinos flemáticos del viejo océano
las quijadas del tiburón y entrañas acuosas de la raya

un granero con todos los nombres del mundo a la luz de la luna
una caracola de inocencia
un encanto lúcido después de la fiebre
unas pupilas de sol naciente
un golpe de tambor al extremo del punzante mal

al que ha dejado abierta la larga cicatriz sulfurosa
la boca cuadrada de baba oscilante
la lampara sumergida con alas de ángel
el vientre de la araña de donde emergen dos adolescentes vestidos de azul

un estallido de naipes
un lecho de ondas claras en todas las direcciones
un puerto sin solapas para abordas ensueños
un alfabeto de puertas
una llama de ojos azules

al que ha dejado la esperanza vencida renaciente
la sorda ciénaga la inmensa equimosis sobre el cuerpo de la tierra
y la corriente recorriendo como un planeta aterrador
el espacio sanguinolento

un trompo ardiente que flota en el lago a medianoche
un domador que avanza con su ojo de humo
un rosario de espejismos en una caja fuerte
un verano sin fronteras que aniquila a los guardianes
la tea de los jueves que abre todas las puertas

al que sostuvieron los vientos los arrebatos de cólera y las enfermedades del orgullo
la gota de esperma y la gota de sangre
que corren lentamente a lo largo de las secas arrugas
y el pedestal de gigantes acuáticos en el vientre vacío

un cielo en pie que almacena nuestras memorias
el amor oculto a la vera del camino
un atardecer un rastro de plumas y de hocicos
una infancia rescatada liberada extendida como una risa
un zumbido de arco una espuma
un fruto un cráter un nido una aurora una rama en la constelación
de nuestro sueño
porque al fin

LA ETERNIDAD QUE BRAMA COMO UN MAR DISTANTE
SE APROXIMA CON GRANDES PASOS


DEL LIBRO CELEBRACIONES, 1968- 1976


CONDE DE CASA NEGRA
CONDE DE LAUTREAMONT/ por
MIGUEL ANGEL BUSTOS

Bajo la luna rosada de Montevideo en llamas
amaste el número y el grito del mar
Pastor de lobos en la tarde
qué sueño en música de abismos
ató tu lengua a los altos del cielo?
(He jugado con tu cráneo
esmeralda de llantos
una y mil veces cinco
en el Buenos Aires del sitio.
Mi alma con la tuya
en la playa fantasma del siglo).
Conde plebeyo, tienes el rostro
de todos los crímenes
de toda la inocencia
del rosario en mano
de una doncella en luto.

Te ruego en nosotros;
potros oscuros
rayos con tu ardiente sombra;
quieras dar el verbo que tu entraña
encela para selvas del alba
en casa nocturna del sol silencio.


(publicado en el catalogo colectivo «Lautréamont 100 años», exposición de homenaje a Lautréamont, Galería Gradiva, Buenos Aires, Octubre, 1970 )


EN UN EJEMPLAR DE «LES CHANTS DE MALDOROR» / por ALEJANDRA PIZARNIK

Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres como los niños de la medianoche.

El soplo de la luz en mis huesos como los gemidos de la palabra tierra.
Palabra o presencia seguida por animales perfumados, triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me sobrevuela como una dinastía de soles.

(DEL LIBRO EL INFIERNO MUSICAL, 1971. A la muerte de la autora, quedará escrito en la pizarra de su cuarto de trabajo «oh vida/ oh lenguaje/ oh Isidoro». Es decir, la última palabra está dedicada a Isidore Ducasse, obsesión del último terapeuta de Alejandra Pizarnik, Enrique Pichon Riviere, cuya bibliografía al respecto recomendamos. )
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