25.3.09

LUCRECIO. DESMESURA DEL DESEO

FOTO: THOMAS BARNEY

Elegimos este poema de Lucrecio * porque, perteneciendo a los clásicos latinos, plantea tantos años luego de ser escrito, los mismos problemas que todo enamorado ha experimentado: la desmesura del deseo, la imposibilidad de poseer por completo al ser amado.

LA HERIDA OCULTA

Al poseerse, los amantes dudan./No saben ordenar sus deseos./Se estrechan con violencia,/se hacen sufrir, se muerden/con los dientes, los labios,/se martirizan con caricias y besos./Y ello porque no es puro su placer,/ porque secretos aguijones los impulsan/a herir al ser amado, a destruir/la causa de su dolorosa pasión./Y es que el amor espera siempre/que el mismo objeto que encendió la llama/que lo devora, sea capas de sofocarla./ Pero no es así. No. Cuanto más poseemos/ más arde nuestro pecho y más se consume./Los alimentos sólidos, las bebidas/ que nos permiten seguir vivos,/ ocupan sitios fijos en nuestro cuerpo/ una vez ingeridos, y así es fácil./apagar el deseo de beber y comer./ Pero de un bello rostro, de una piel suave,/ nada se deposita en nuestro cuerpo, nada/ llega a entrar en nosotros salvo imágenes,/ impalpables y vanos simulacros,/miserable esperanza que muy pronto se desvanece./
Semejante al hombre que en sueños/ quiere apagar su sed y no encuentra / agua para extinguirla y persigue/ simulacros de manantiales y se fatiga/ en vano y permanece sediento y sufre /viendo que el río que parece estar/ a su alcance huye y huye más lejos, / así son los amantes juguete en el amor/ de los simulacros de Venus./No basta la visión del cuerpo deseado/ para satisfacerlos, ni siquiera la posesión,/ pues nunca logran desprender ni un ápice/ de esas graciosas formas sobre las que discurren,/ vagabundas y erráticas, sus caricias./Al fin, cuando, los miembros pegados,/ saborean la flor de su placer,/ piensan que su pasión será colmada,/ y estrechan codiciosamente el cuerpo/ de su amante mezclando aliento y saliva,/con los dientes contra su boca, con los ojos /inundando sus ojos, y se abrazan /una y mil veces hasta hacerse daño./Pero todo es inútil, vano esfuerzo,/porque no pueden robar nada de ese cuerpo/que abrazan, ni penetrarse y confundirse/ enteramente cuerpo con cuerpo, /que es lo único que verdaderamente desean:/ tanta pasión inútil ponen en adherirse/a los brazos de Venus, mientras sus miembros/ parecen confundirse, rendidos por el placer./
Y después cuando ya el deseo, condensado /en sus venas, ha desaparecido, su fuego/ interrumpe su llama por un instante, /y renace la hoguera con más vigor que antes. /Y es que ellos mismos saben que no saben/ lo que desean, y al mismo tiempo, buscan/ cómo saciar ese deseo que los consume, /sin que puedan hallar remedio/ para su enfermedad mortal: /hasta tal punto ignoran dónde se oculta/la secreta herida que los corroe.

(lib. IV)

Versión de Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar

*Lucrecio (c 98 – 55 a. C.)
Una de las cumbres del pensamiento y del decir poético de Roma. Su poema De rerum natura (Sobre la naturaleza), expone los puntos de vista de su maestro, el griego Epicuro, en materia de física, psicología y teoría cultural. y lo hace en seis libros con cuatrocientos hexámetros en total.

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