
Conocí la poesía de Ernesto Cardenal (1925, Granada, Nicaragua) hace más de treinta años, cuando una joven profesora acercó al curso el poema Economía del Tahiantinsuyu. Quedé impactado por ese texto que tan poco tenía que ver con mis tempranas lecturas de Neruda y Artaud.
¿Poesía que mencionaba latas de Avena Quaquer? ¿Mayúsculas como carteles junto a reflexiones sobre economía de la América precolombina? Saqué una buena nota en el trabajo sobre ese poema, sin saber aún de la influencia de Ezra Pound sobre Cardenal o de su poesía exteriorista. Religión y revolución, en otro giro aportado por la poesía de Nicaragua
Por allí circulan los famosos epigramas de Cardenal (Catulo vía Pound).
Como en el resto de las pequeñas antologías realizadas en este sitio, acerco tres poemas breves del autor (mas un epigrama) , relacionanados con la poética que trabajo en estos días.
EN LA NOCHE ILUMINADA DE PALABRAS
En la noche iluminada de palabras:
PEPSI COLA
PALMOLIVE CHRYSLER COLGATE CHESTERFIELD
que se apagan y se encienden y se apagan y se encienden,
las luces rojas verdes azules de los hoteles y de los bares
y de los cines, los trapenses se levantan al coro
y encienden sus lámparas fluorescentes
y encienden sus grandes Salterios y sus Antifonarios
entre millones de radios y de televisiones.
¡Son las lámparas de las vírgenes prudentes esperando
al esposo en la noche de los Estados Unidos!
DETRAS DEL MONASTERIO, JUNTO AL CAMINO
Detrás del monasterio, junto al camino,
existe un cementerio de botellas gastadas,
en donde yacen el hierro sarroso, pedazos
de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos,
cajetillas de cigarrillo vacías, aserrín
y zinc, plástico envejecido, llantas rotas,
esperando como nosotros la resurrección.
COMO LATAS DE CERVEZA VACÍAS
Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como los automóviles que pasaban rápido por las carreteras
con risas de muchachas y música de radios...
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.
EPIGRAMA 15
Tu no mereces siquiera un epigrama


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