Douve es lo que vacila y cae, el temblor mismo, lo imposible de la imagen vislumbrada, el amor derrotado por la ley de gravedad, rescatado por la poesía.
Lánguida celebración de lo que aún pervive: «la vida que se mantiene en la muerte». Douve, sigue siendo brecha (antimateria?), punto de máxima densidad que posibilita la palabra plena. Poesía.
En versos del mismo libro, del mismo Bonnefoy: «...Que el verbo se disipe/ sobre esta faz del ser donde estamos expuestos/...»
Lánguida celebración de lo que aún pervive: «la vida que se mantiene en la muerte». Douve, sigue siendo brecha (antimateria?), punto de máxima densidad que posibilita la palabra plena. Poesía.
En versos del mismo libro, del mismo Bonnefoy: «...Que el verbo se disipe/ sobre esta faz del ser donde estamos expuestos/...»
«...palabra/puente...»
¿Qué asir sino a quien escapa,
Qué ver sino quien se ensombrece?
Qué desear sino a quien muere
a quien que habla y se desgarra?
Palabra a mí cercana
¿qué buscar sino tu silencio,
qué fulgor sino el más profundo
tú amortajada conciencia,
palabra, tangible puente
hacia el origen y la noche?
«...ante tus signos...»
¿Qué morada deseas levantar para mí?
¿Qué negras escrituras cuando el fuego se acerca?
*
Vacilé mucho tiempo ante tus signos,
me apartaste de toda densidad.
*
Mas he aquí que la noche incesante me guarda
con caballos sombríos yo me alejo de ti.
con caballos sombríos yo me alejo de ti.
*
«...yo te llamaré guerra...»
Desierto llamaré al castillo que fuiste,
ausencia a tu mirada, oscuridad a tu voz;
y cuando te derrumbes sobre la tierra estéril,
al rayo que te empuja lo llamaré la nada.
Morir era un país que tu amabas. Recorro
desde la eternidad tus caminos sombríos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria;
yo soy el enemigo que no tendrá piedad.
Yo te llamaré guerra y usaré
en ti las libertades de la guerra, y tendré
entre mis manos tu rostro traspasado y oscuro,
en mi alma esa región que alumbra la tormenta
ausencia a tu mirada, oscuridad a tu voz;
y cuando te derrumbes sobre la tierra estéril,
al rayo que te empuja lo llamaré la nada.
Morir era un país que tu amabas. Recorro
desde la eternidad tus caminos sombríos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria;
yo soy el enemigo que no tendrá piedad.
Yo te llamaré guerra y usaré
en ti las libertades de la guerra, y tendré
entre mis manos tu rostro traspasado y oscuro,
en mi alma esa región que alumbra la tormenta
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los poemas

pensar la escritura






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