6.6.07

POSTALES DEL BORDE EN EL BORDA

A veces deseo rescatar historias del secreto pero a veces pienso también que el anonimato es la forma más piadosa de la historia. Sea como sea, allí vamos otra vez.

1.
Bajo hacia la avenida del invierno a través de la calle de las putas. Bordeo la torre panóptica del observador invisible, el ausente tácito (¿dios?) , y entro al hospital Borda. A los costados, pabellones de ladrillos de una construcción interrumpida. Las casas abandonadas y las construcciones fantasmales adquieren en este lugar una nueva significación. Junto a la seguridad reposan dos perros. Los internos piden cigarrillos y monedas.

2.
Pregunto por la guardia, pido turno sin evidenciar demasiado apuro y me siento a esperar. Un muchacho morocho con un gorro de lana escupe, camina de un lado a otro y golpea las paredes. Un enfermero calvo y corpulento parece encargarse de mantener el orden.
A la guardia llega una chica bonita y bien arreglada. Está embarazada y usa gafas contra el sol. Se sienta junto a mí. Me cuenta que mezcló un litro de vino tinto con Rivotril. Habla arrastrando las palabras.
—Yo no puedo tomar alcohol a esta hora. - le digo.
—Yo tampoco. —responde.
Nos reímos. Me pide un cigarrillo. Toma uno y me pregunta si puede sacar otro. Le pregunto si vive sola. «No, vivo con un flaco» «¿Y? ¿todo mal?» «No, todo bien» dice entre hipos. «En un rato tiene que venir»— agrega. Pronto la llama un médico. «Chau» me dice.
En el pabellón de los consultorios externos, una mujer pequeña me cuenta que estuvo internada, que tomó «más de cien pastillas». Aguarda un momento y añade «nunca me prestaron tanta atención.»
Un hombre delgado y consumido se pasea por los corredores gritando «se están tomando mi sangre, se están tomando mi sangre.»
Continúo mi recorrida por el hospital. Recuerdo ese pensamiento que asemeja de manera perturbadora la edificación de las cárceles con las escuelas y los hospitales.

3.
Me acuerdo de mi amigo Ale. Nunca pensamos que pudiera tener ese desenlace. Era actor, un chico un poco más oscuro de lo habitual, dueño de una mirada muy intensa y cierta ambigüedad seductora. Escribió alguna obra de teatro, ganó algunos premios, estuvo prendido con la cocaína, tuvo una relación digna de una novela con una chica rubia tan extraña como él (una vez se agarraron a golpes delante de nosotros) , pero nunca sus amigos supimos demasiado de su vida, ya que pertenecía a esa clase de persona que siempre parece tener alguna reserva o secreto. Lo volví a ver ocasionalmente. Dos veces en un tren. Los encuentros en los trenes tienen cierta particularidad que algún día intentaré describir. Afirman aún más la idea de que todo en la vida, y la vida misma aún, no son más que un tránsito. Cuando lo volví a ver, cuando al fin se produjo el reencuentro de nuestro grupo, le habían diagnosticado esquizofrenia. Tenía ahora en la forma de hablar cierto infantilismo. Su mirada había decrecido en intensidad. Su crisis comenzó cuando caminaba por la calle y comenzó a sentir que se prendía fuego por dentro y entonces entró a algunos comercios gritando desesperado.
—¿No hacés más teatro?— le pregunté.
—No. Por mi enfermedad es mejor que no me meta en otras personas. —respondió con lógica.
Ahora Ale se dedica a la computación. Puede pasar horas hablando de complejos sistemas de redes. De alguna manera es como si ese circuito lo hubiera organizado. Pero la medicación le quitó el brillo de antaño y, sobre todo, ese brillo oscuro en los ojos de los secretos.

4.
Otro hombre, de rasgos duros y nobles, aguarda ser atendido por su psiquiatra: «Estoy aquí por muchas cosas. El trabajo. La familia. Las mujeres. Muchas exigencias. Mi hermano es ingeniero. El anduvo bien. Me dijo que no me puede ayudar. Se gasta la guita en putas. Yo ando con mujeres, pero son amigas. Una tiene un hijo de diez años. Es otra relación. Hacemos el amor, tomamos mate. No se si nos vamos a juntar. No me preocupa. Hago las cosas a mi manera pero estoy bien. Que suerte que existe la medicación. Yo ya llevo más de treinta años de psicoanálisis. Me enamoré de adolescente, pero no pudo ser. Nunca me casé. Mirá, ayer recorté esta frase del diario: “con los necios y los soberbios no se puede tratar.» Porque entonces ¿de qué sirve la inteligencia?
Mirá, tengo unos cuantos años más que vos. No sé de que se trata la vida. Vos tampoco sabés.

5.
«Yo maté al japonés Hubo una lucha psíquica. Tuvo una hemorragia cerebral.» grita un muchacho sentado desde un banco a quien quiera escucharlo.
«Voy al poder de Dios. El don de lenguas. Todo eso.»— añade.
«Pero ¿cómo murió el japonés?» pregunta una enfermera repentinamente interesada.
«Yo lo maté. Fue una lucha psíquica. Con mi sangre lo maté.»
Entonces canta «estoy enamorado del señor, estoy enamorado de Jesús.»
Sigo mi marcha. Caminar por cementerios y hospicios es una referencia. Algún día seremos tierra. Mientras tanto estar del lado de adentro o de afuera apenas parecen circunstancias, eventualidades. La idea del tránsito. Largas caminatas en el invierno. Encuentros con amigos en los trenes. Cosas así.
© JAVIER GALARZA

(Publicado en La Maldita número 7)

6 reservorios:

sibila dijo...

cosas así, estimado j.g. ser algún día polvo, antes o después de la cosecha. mientras tanto el tránsito y el páramo, acompañando nuestras deformidades.
un amigo nos espera en el subte.
tomaremos su sangre.

(j.g.) dijo...

así es, mi estimada sibila, apenas queda el recurso de caminar mientras podamos, salvando en el camino algo de lo que aún se pueda salvar.

Meridiana dijo...

Muy bueno el texto Javier, me quedo con aquello de caminar cementerios y hospicios... ese intento de nombrar lo que por dentro solo tiene un silencio espacial. Marchamos de estación en estación, el tren para en todas ellas y nosotros miramos por las ventanas, los suburbios llenos de una luz que no nos pertenece pero casi

Lilián

(j.g.) dijo...

los trenes y cada casa como un mundo de ajenidad y un límite que nos hermana.

Meridiana dijo...

"Voy al poder de Dios. El don de lenguas" Ese ausente tácito y su torre panóptica...
¿Qué lugar ocuparemos en su mirada?

Liliana.

(j.g.) dijo...

vaya pregunta LILIANA. como saberlo.cómo saberlo. cómo saberlo.