8.5.07

LECTURA DE UN CUENTO DE CLARICE LISPECTOR

Al amparo de una familia normal, Ana presta su «corriente de vida» a la cotidianidad, a su hogar, a su marido, a sus dos hijos. Pese a que «cierta hora de la tarde» es «la más peligrosa», justo cuando ni los integrantes de su familia ni las importunidades la requieren: Ana se inquieta «cuando ya no precisa más de su fuerza».

De pronto, la repentina visión de un ciego mascando chicle la vuelve a conectar con el lado oscuro del mundo: con la pobreza, el asco, el amor, el riesgo... es decir: lo real de la vida en su extensión... siempre tan opuesto a cualquier forma de seguridad.

«Pero el mal ya estaba hecho. La piedad la sofocaba». Un hecho en apariencia insignificante, la sola visión de un ciego mascando chicle, había hecho pedazos su mundo organizado, sin lugar para el riesgo. La percepción pura de ese ciego, ese hombre al que repentina e inevitablemente temió y amó sin razón.

«El mundo nuevamente se había transformado en un malestar». «Expulsada de sus propios días, Ana se había deslizado hacia una bondad extremadamente dolorosa».
«Ella había calmado tan bien a la vida, había cuidado tanto que no
explotara». « La piedad por el ciego era muy violenta, como una ansiedad, pero el mundo le parecía suyo, sucio, perecedero, suyo. »


Superada la visión perturbadora, vuelve a su pequeña vida, al confort y las postergaciones, hacia donde el mundo y la vida ya no la llaman ni la reclaman ni la convocan, excepto para las ceremonias de una intimidad compartida de una rutina sin sobresaltos. Allí donde no hay una piedad inmensa y disolutoria, ni un sentimiento de religiosidad y pertenencia por el todo, allí donde nadie se replantea si matar o no a un insecto.

La subrepticia intemperie de vivir le reveló el ser, esa vida que le tenía reservado un sueño en y por y para el mundo, todo ese mundo de afuera que la esperaba tanto.
El abrazo final del marido es esa fuerza coercitiva que la ampara (y separa) de la vida. ¿Organización patriarcal de un poder que no deja lugar a las revelaciones?.

«Protegida» Ana se va a dormir «sin ningún mundo en el corazón». «Había terminado el vértigo de la bondad».

En «La imitación de la rosa», la protagonista se llama María, que luego de sufrir un colapso nervioso, es «ella misma regresando reconocida a su insignificancia» y al intento sutil de complacer a su marido Armando («El sabía que ella había hecho lo posible por no tornarse luminosa e inalcanzable»). La anécdota es nuevamente mínima: la irrupción de un ramo de rosas y su deseo de quedarse con esas flores «en una oscura lógica de una mujer que peca», como la culpa y la vergüenza que había sentido Ana al sentirse conectada con el lado salvaje del mundo.

Rememorando su infancia y comparándose con su amiga Carlota, María piensa: «Cuando le dieron para leer la Imitación de Cristo, con un ardor de burra ella lo leyó sin entender pero que Dios la perdone, había sentido que quien imitase a Cristo estaría perdido, pedido en la luz, pero peligrosamente perdido. Cristo era la peor tentación ».
Como toda buena escritura, la prosa de Lispector abre grietas en el orden del mundo. Un mundo que prohibe las revelaciones.

«—¿y qué nombre se debería dar a su misericordia violenta? Sería obligada a besar al leproso, pues nunca sería solamente su hermana. Un ciego me llevó hasta lo peor de mí misma, pensó asustada. Sentíase expulsada porque ningún pobre bebería agua en sus manos ardientes. ¡Ah!, ¡era más fácil ser un santo que una persona! Por Dios, ¿no había sido verdadera la piedad que sondeara en su corazón las aguas más profundas? Pero era una piedad de león. »

Y por si todas estas citas a los cuentos de la autora fueran insuficientes, las entrelíneas, lo no dicho, permanecen resonando con la misma fuerza cuando cerramos el libro.
Por respeto, tal vez porque he comprendido, me llamo a silencio.

© JAVIER GALARZA

4 reservorios:

sibila dijo...

la intemperie, revela los 'no lugares'. (ésos, donde no se es). el abrazo, la anulación de cualquier posibilidad.
la vida retenida, la casa de los cobardes.

(j.g.) dijo...

gracias por su lectura contundente sibila. mis respetos.

sibila dijo...

gracias a ud., estimado j.g., por recordarme en mi querida ana.

(j.g.) dijo...

gracias a usted, por recomendarme este cuento.