28.6.09

ERNESTO CARDENAL. LO EXTERIOR.


Conocí la poesía de Ernesto Cardenal (1925, Granada, Nicaragua) hace más de treinta años, cuando una joven profesora acercó al curso el poema Economía del Tahiantinsuyu. Quedé impactado por ese texto que tan poco tenía que ver con mis tempranas lecturas de Neruda y Artaud.
¿Poesía que mencionaba latas de Avena Quaquer? ¿Mayúsculas como carteles junto a reflexiones sobre economía de la América precolombina? Saqué una buena nota en el trabajo sobre ese poema, sin saber aún de la influencia de Ezra Pound sobre Cardenal o de su poesía exteriorista. Religión y revolución, en otro giro aportado por la poesía de Nicaragua
Por allí circulan los famosos epigramas de Cardenal (Catulo vía Pound).
Como en el resto de las pequeñas antologías realizadas en este sitio, acerco tres poemas breves del autor (mas un epigrama) , relacionanados con la poética que trabajo en estos días.


EN LA NOCHE ILUMINADA DE PALABRAS

En la noche iluminada de palabras:
PEPSI COLA
PALMOLIVE CHRYSLER COLGATE CHESTERFIELD
que se apagan y se encienden y se apagan y se encienden,
las luces rojas verdes azules de los hoteles y de los bares
y de los cines, los trapenses se levantan al coro
y encienden sus lámparas fluorescentes
y encienden sus grandes Salterios y sus Antifonarios
entre millones de radios y de televisiones.
¡Son las lámparas de las vírgenes prudentes esperando
al esposo en la noche de los Estados Unidos!


DETRAS DEL MONASTERIO, JUNTO AL CAMINO

Detrás del monasterio, junto al camino,
existe un cementerio de botellas gastadas,
en donde yacen el hierro sarroso, pedazos
de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos,
cajetillas de cigarrillo vacías, aserrín
y zinc, plástico envejecido, llantas rotas,
esperando como nosotros la resurrección.


COMO LATAS DE CERVEZA VACÍAS

Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como los automóviles que pasaban rápido por las carreteras
con risas de muchachas y música de radios...
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.


EPIGRAMA 15

Tu no mereces siquiera un epigrama

29.5.09

POETAS ARGENTINOS CANTAN A LAUTREAMONT

imagen: enrique molina


...¡Abran a Lautreamont! ¡Y ahí tienen toda la literatura dada vuelta como un paraguas! ¡Cierren a Lautreamont! Y en seguida todo vuelve a su lugar. Para gozar a domicilio de un dispositivo intelectual perfecto, adopten pues en sus bibliotecas el dispositivo MALDOROR- POESÍAS...

Francis Ponge

Isidore Ducasse, conde de Lautrèamont (Montevideo, 1846—1870), resuena en español desde la mención que de él hiciera Ruben Dario en LOS RAROS.
Figura central en el arte del siglo XX, inspirador del surrealismo, a la luz de sus bello como, se puede leer hasta la obra plástica de Marcel Duchamp.
El nuevo siglo tendrá a su poeta — vaticinó en los cantos de Maldoror.
Y estas páginas dan testimonio de cómo se han escuchado los aullidos del montevideano.

MALDOROR / por OLGA OROZCO
¡Ay! ¿Qué son pues el bien y el mal? ¿Son una misma cosa por la que testimoniamos con rabia nuestra impotencia y la pasión de alcanzar el infinito hasta por los medios más insensatos?
(Lautrèamont. Los cantos de Maldoror)

Tú para quien la sed cabe en el cuenco exacto de la mano, no mires hacia aquí. No te detengas.
Porque hay alguien cuyo poder corromperá tu dicha, ese trozo d espejo en que te encierras envuelto en un harapo deslumbrante del cielo.
Se llamó Maldoror
y desertó de Dios y de los hombres.
Entre todos los hombres fue elegido para infierno de Dios.
y entre todos los dioses para la condenación de cada hombre.
El estuvo más solo que alguien que devuelven de la muerte para ser inmortal entre los vivos.
¿Qué fue de aquel a cuyo corazón se enlazaron las furias con brazos de serpiente.
del que saltó de entre los muros para acatar las leyes de las bestias,
del que bebió en la sangre un veneno sediento,
del que no durmió nunca para impedir que un prado celeste le invadiera la mirada maldita
del que quiso aspirar el Universo como una bocanada de cenizas ardiendo?
No es castigo,
ni es sueño,
ni puñado de polvo arrepentido.
Del vaho de mi sombra se alza a veces la centelleante
máscara de un ángel que vuelve en su caballo
alucinado a disputar un reino.
El sacude mi casa,
me desgarra la luz como antaño la piel de los adolescentes.
y roe con su lepra la tela de mis sueños.
Es Maldoror que pasa.
Hasta el fin de los siglos levantará su canto rebelde contra el mundo.
Su paso es una llaga contra el rostro del tiempo.

DE LAS MUERTES, 1952



TRINOS BLANCOS O NEGROS (FRAGMENTO) / por FRANCISCO MADARIAGA

...Y llegó el montevideano, Lautrèamont, que según Enrique Pichon Rivière nunca habría podido olvidar de su infancia El largo sitio (1843 a 1851), con sus asaltos, fusilamientos, patrullas y los homenajes con tambor apagado, como tampoco la ferocidad, bondad y colorido del gauchillaje oriental, que conoció largos paseos y nataciones por la orilla del río mar...

DE UN EXTENSO POEMA QUE DESCRIBE SU ITINERARIO POÉTICO, DEL LIBRO UNA ACUARELA MOVIL, 1985.


AL CONDE DE LAUTREAMONT / por EDGAR BAYLEY

al que ha dejado la mirada del pulpo
el ojo saliente del sapo y el higo comedor de asnos
al que fue al extremo de la sangre donde hierve la inocencia
y rescató la bujía del sueño y la cuerda tensa de la libertad

un cielo de cabellos mojados
una noche de alabastro
un buey rojo de alas batientes
un arriate de leña y de carbón
una marsopa ocular
una ciudad resucitada

al que ha dejado abierta la herida del vampiro aullante
las garras y los órganos chupadores
los reinos flemáticos del viejo océano
las quijadas del tiburón y entrañas acuosas de la raya

un granero con todos los nombres del mundo a la luz de la luna
una caracola de inocencia
un encanto lúcido después de la fiebre
unas pupilas de sol naciente
un golpe de tambor al extremo del punzante mal

al que ha dejado abierta la larga cicatriz sulfurosa
la boca cuadrada de baba oscilante
la lampara sumergida con alas de ángel
el vientre de la araña de donde emergen dos adolescentes vestidos de azul

un estallido de naipes
un lecho de ondas claras en todas las direcciones
un puerto sin solapas para abordas ensueños
un alfabeto de puertas
una llama de ojos azules

al que ha dejado la esperanza vencida renaciente
la sorda ciénaga la inmensa equimosis sobre el cuerpo de la tierra
y la corriente recorriendo como un planeta aterrador
el espacio sanguinolento

un trompo ardiente que flota en el lago a medianoche
un domador que avanza con su ojo de humo
un rosario de espejismos en una caja fuerte
un verano sin fronteras que aniquila a los guardianes
la tea de los jueves que abre todas las puertas

al que sostuvieron los vientos los arrebatos de cólera y las enfermedades del orgullo
la gota de esperma y la gota de sangre
que corren lentamente a lo largo de las secas arrugas
y el pedestal de gigantes acuáticos en el vientre vacío

un cielo en pie que almacena nuestras memorias
el amor oculto a la vera del camino
un atardecer un rastro de plumas y de hocicos
una infancia rescatada liberada extendida como una risa
un zumbido de arco una espuma
un fruto un cráter un nido una aurora una rama en la constelación
de nuestro sueño
porque al fin

LA ETERNIDAD QUE BRAMA COMO UN MAR DISTANTE
SE APROXIMA CON GRANDES PASOS


DEL LIBRO CELEBRACIONES, 1968- 1976


CONDE DE CASA NEGRA
CONDE DE LAUTREAMONT/ por
MIGUEL ANGEL BUSTOS

Bajo la luna rosada de Montevideo en llamas
amaste el número y el grito del mar
Pastor de lobos en la tarde
qué sueño en música de abismos
ató tu lengua a los altos del cielo?
(He jugado con tu cráneo
esmeralda de llantos
una y mil veces cinco
en el Buenos Aires del sitio.
Mi alma con la tuya
en la playa fantasma del siglo).
Conde plebeyo, tienes el rostro
de todos los crímenes
de toda la inocencia
del rosario en mano
de una doncella en luto.

Te ruego en nosotros;
potros oscuros
rayos con tu ardiente sombra;
quieras dar el verbo que tu entraña
encela para selvas del alba
en casa nocturna del sol silencio.


(publicado en el catalogo colectivo «Lautréamont 100 años», exposición de homenaje a Lautréamont, Galería Gradiva, Buenos Aires, Octubre, 1970 )


EN UN EJEMPLAR DE «LES CHANTS DE MALDOROR» / por ALEJANDRA PIZARNIK

Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres como los niños de la medianoche.

El soplo de la luz en mis huesos como los gemidos de la palabra tierra.
Palabra o presencia seguida por animales perfumados, triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me sobrevuela como una dinastía de soles.

(DEL LIBRO EL INFIERNO MUSICAL, 1971. A la muerte de la autora, quedará escrito en la pizarra de su cuarto de trabajo «oh vida/ oh lenguaje/ oh Isidoro». Es decir, la última palabra está dedicada a Isidore Ducasse, obsesión del último terapeuta de Alejandra Pizarnik, Enrique Pichon Riviere, cuya bibliografía al respecto recomendamos. )

13.4.09

PINDARO, POETA DE POETAS

photo: thomas barbey

Sueño de una sombra es el hombre

Se considera que Pìndaro, el mayor lírico griego, nació entre 518 y 522 a. C. y vivió aproximadamente ochenta años, en una aldea cercana a Tebas, cerca de la olimpíada 65. En palabras de Lloyd-Jones: ningún poeta es más consciente que Píndaro de la mortalidad del hombre y de la inestabilidad de los asuntos humanos. Dejamos estas breves notas estableciendo algunas relaciones entre el rapsoda griego y algunos de sus ilustres admiradores.

I
Ricardo Molinari cita un verso de Píndaro en el poema Cuando pasan las grandes bandadas por los cielos del Sur:

Hommo umbrae somnium *
Píndaro, Píticas VIII, 95- 97

¡Sueño de una sombra es el hombre!

Transcribimos un fragmento del poema citado por Molinari:

¡Seres de un día! ¿Qué es uno? ¡Sueño de una sombra es el hombre! Pero si llega la gloria, regalo de los dioses, hay luz brillante entre los hombres y amable existencia.

II
Nietzsche cita al lírico griego en más de una ocasión.

En el primer parágrafo de El Anticristo escribe:

— Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos. Sabemos cuan aparte vivimos. «Ni por tierra ni por agua encontrarás el camino que conduce a les hipebóreos»; ya Pindaro supo esto de nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte, nuestra felicidad...

Anota Andrés Sánchez Pascual a este parágrafo:

Un cuaderno manuscrito de Nietzsche, en el que este recogió durante el verano de 1888 todos los fragmentos poéticos dispersos en cuadernos anteriores (161 en total), contiene la siguiente poesía:

«Más allá del norte, del hielo, del hoy,
más allá de la muerte,
aparte—
¡nuestra vida, nuestra felicidad!
Ni por tierra
ni por agua
puedes encontrar el camino
hacia nosotros los hiperbóreos:
así lo vaticinó de vosotros una boca sabia»

La alusión a Píndaro remite a la Pítica X 29 30: Nadie podrá encontrar ni por mar ni por tierra el camino maravilloso que conduce a las fiestas de los hiperbóreos.

Bóreas: Dios de los vientos del norte. Favoreció a los atenienses contra los persas.
Los hiperbóreos son habitantes de un pueblo fabuloso, patria de Apolo, situado en los confines del océano, más allá de la región de los vientos del Norte. Se dicen que poseían el don de la inmortalidad.

El subtítulo de Ecce Homo, verdadero lema de vida de Nietzsche, dice:
Cómo se llega a ser lo que se es.

La frase está inspirada en verso de Píndaro que se halla en en la Pítica II, v. 73 dice: «llega a ser como aprendes a ser».
Pítica III, 68—65

¡Hazte el que eres!, como aprendido tienes— traduce Alfonso Ortega.

Aprende a ser quien eres— traduce José Alsina.

III
Paul Valery pone como epígrafe a su célebre poema El cementerio marino, estos versos de Píndaro:

Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,
pero agota la extensión de los posible

Píticas III, Epod. 60, 65

No alma mía, no aspires
a una vida inmortal, pero sí agota
los recursos factibles.

en versión de José Alsina

No pretendas la vida inmortal, alma mía,
y esfuérzate en la acción a ti posible.

en versión de Alfonso Ortega


IV
Hölderlin es el seguidor por excelencia del lírico griego. Basta ver las semejanzas entre Como cuando en día de fiesta de Hölderlin y la Olímpica VII de Píndaro.

La estrofa de Píndaro comienza con estos versos:

Como alguien que toma en su rica mano una copa
por dentro espumante en rocío de la vida
y a ofrecerla va...

La estrofa de Hölderlin habla así:

Como cuando en día de fiesta, a ver el campo va un labrador, por la mañana...

Unos versos después, en el mismo poema, donde Hölderlin escribe:

así estáis bajo la tempestad fertilizadora vosotros, los que no educa ningún maestro...

la Olímpica de Píndaro prosigue:

Así también sin tener la simiente de la llama abrazante, a lo alto de la llama subieron.

Y todo esto sin detenernos en las coincidencias temáticas de ambos textos que, claro, no son pocas.

También entre sus notas y ensayos, Hölderlin analiza fragmentos de Píndaro.

V
Cerramos estas notas con el fragmento 136 de Trenos.

Astros, ríos y olas del mar
—te reclaman a ti, que te fuiste a destiempo—

25.3.09

LUCRECIO. DESMESURA DEL DESEO

FOTO: THOMAS BARNEY

Elegimos este poema de Lucrecio * porque, perteneciendo a los clásicos latinos, plantea tantos años luego de ser escrito, los mismos problemas que todo enamorado ha experimentado: la desmesura del deseo, la imposibilidad de poseer por completo al ser amado.

LA HERIDA OCULTA

Al poseerse, los amantes dudan./No saben ordenar sus deseos./Se estrechan con violencia,/se hacen sufrir, se muerden/con los dientes, los labios,/se martirizan con caricias y besos./Y ello porque no es puro su placer,/ porque secretos aguijones los impulsan/a herir al ser amado, a destruir/la causa de su dolorosa pasión./Y es que el amor espera siempre/que el mismo objeto que encendió la llama/que lo devora, sea capas de sofocarla./ Pero no es así. No. Cuanto más poseemos/ más arde nuestro pecho y más se consume./Los alimentos sólidos, las bebidas/ que nos permiten seguir vivos,/ ocupan sitios fijos en nuestro cuerpo/ una vez ingeridos, y así es fácil./apagar el deseo de beber y comer./ Pero de un bello rostro, de una piel suave,/ nada se deposita en nuestro cuerpo, nada/ llega a entrar en nosotros salvo imágenes,/ impalpables y vanos simulacros,/miserable esperanza que muy pronto se desvanece./
Semejante al hombre que en sueños/ quiere apagar su sed y no encuentra / agua para extinguirla y persigue/ simulacros de manantiales y se fatiga/ en vano y permanece sediento y sufre /viendo que el río que parece estar/ a su alcance huye y huye más lejos, / así son los amantes juguete en el amor/ de los simulacros de Venus./No basta la visión del cuerpo deseado/ para satisfacerlos, ni siquiera la posesión,/ pues nunca logran desprender ni un ápice/ de esas graciosas formas sobre las que discurren,/ vagabundas y erráticas, sus caricias./Al fin, cuando, los miembros pegados,/ saborean la flor de su placer,/ piensan que su pasión será colmada,/ y estrechan codiciosamente el cuerpo/ de su amante mezclando aliento y saliva,/con los dientes contra su boca, con los ojos /inundando sus ojos, y se abrazan /una y mil veces hasta hacerse daño./Pero todo es inútil, vano esfuerzo,/porque no pueden robar nada de ese cuerpo/que abrazan, ni penetrarse y confundirse/ enteramente cuerpo con cuerpo, /que es lo único que verdaderamente desean:/ tanta pasión inútil ponen en adherirse/a los brazos de Venus, mientras sus miembros/ parecen confundirse, rendidos por el placer./
Y después cuando ya el deseo, condensado /en sus venas, ha desaparecido, su fuego/ interrumpe su llama por un instante, /y renace la hoguera con más vigor que antes. /Y es que ellos mismos saben que no saben/ lo que desean, y al mismo tiempo, buscan/ cómo saciar ese deseo que los consume, /sin que puedan hallar remedio/ para su enfermedad mortal: /hasta tal punto ignoran dónde se oculta/la secreta herida que los corroe.

(lib. IV)

Versión de Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar

*Lucrecio (c 98 – 55 a. C.)
Una de las cumbres del pensamiento y del decir poético de Roma. Su poema De rerum natura (Sobre la naturaleza), expone los puntos de vista de su maestro, el griego Epicuro, en materia de física, psicología y teoría cultural. y lo hace en seis libros con cuatrocientos hexámetros en total.

15.2.09

JUAN L. ORTIZ



Manteniéndose en la periferia, en su tierra natal, casi fuera de todo sistema, Juanele logra, sin proponérselo, que el sistema vaya a él...
Largas y numerosas peregrinaciones son emprendidas para conocer al maestro.
Son los medios, los que se ocuparán de él, los que van hacia el escritor.
El poeta recibe a todos con hospitalidad de maestro budista. Se ocupa de escuchar lo que el paisaje dice.
Y lo que no. Lo que no dice.

«Todo me excede, todo me excede siempre».

NACIMIENTO ETC.
Juan L. Ortiz (1896- 1978) nace en Puerto Ruiz, Gualeguay, provincia de Entre Ríos. Es el menor de diez hermanos.
Pronto se relaciona con la música y la pintura. Pronto también, con sus ideas políticas, que siempre estarán ligadas a la revolución.
«Yo diría como Artaud o como Césaire que la poesía está unida ahora a la revolución.» —declarará en un reportaje. Será fiel a esta idea durante toda su vida.
De niño, la temprana visión de unas vacas ordeñadas en la niebla del primer amanecer detonan algo: el salvajismo de su mirada para siempre.

COSAS INFINITAS

«¿Quien al andar por el crepúsculo o al trazar una flecha de su pasado, no sintió alguna vez que se había perdido una cosa infinita?»
Tal pregunta de «El hacedor» de Jorge Luis Borges (Paradiso, XXXI, 108) bien podría aplicarse a la poética Juan L. Ortiz.
Pero a diferencia del laureado Borges, el poeta entrerriano, dedica las casi mil páginas de ese CONTINUO que es su obra, al intento de hacer fluir, a través de su poesía, todo lo inasible que nos rodea.
Y lo hace desde el margen, la periferia, erigiéndose casi sin quererlo en mito y referente, en poeta de poetas.
Lo hace «pintando su aldea», pero no del modo en que lo haría un cronista, sino como es misión del poeta: en palabras de Hölderlin: «entregar al pueblo, velados en su canto, los dones celestes».

«Me has sorprendido, diciéndome, amigo,
que «mi poesía»
debe de parecerse al río que no terminaré nunca, nunca de decir...»

SIMBOLISMO
Juanele descifra el «bosque de signos » de «la naturaleza como pilar viviente» (Baudelaire, en el soneto IV de «Las flores del mal» deja en claro las correspondencias propias del simbolismo).
El poeta sorprende los «signos de los dioses».
Pero la distorsión en las percepciones, el «desarreglo de los sentidos», proclamado por Rimbaud, no acontece por el exceso, «los paraísos artificiales», sino a través de la mesura. ¿Los paraísos naturales?
Sobreviene una forma de calma oriental digna de los poetas chinos que tanto admiró Juan L. Ortiz. Entonces, el arte acontece como desocultación del mundo, acorde a la filosofía de Heidegger.
No pensamos esta asociación como algo forzado.
Juanele define la poesía como «la intemperie sin fin». Hay consonancia con «los tiempos de indigencia» anunciados por Hölderlin.
La intemperie propicia la revelación del ser.

«Cuándo, cuándo, mi amiga, junto a las mismas bailarinas del fuego,
cuándo, cuándo, el amor no tendrá frío?»

PUBLICACIÓN
Publica gracias a la insistencia de sus amigos. El más célebre de ellos es Carlos Mastronardi, autor de «Luz de Provincia».
Tiene una breve estadía en Buenos Aires. Luego de dos años retorna a su tierra, de donde no volverá a salir excepto para un viaje por los países socialistas.
Hacia 1950 se convierte en referente inevitable del grupo «Poesía Buenos Aires». Muchos de los más grandes poetas peregrinarán para conocerlo.
Llegan Raúl González Tuñón (su gran amigo, según Neruda, «el primero en blindar la rosa», Edgar Bayley, Juana Bignozzi, Paco Urondo, Francisco Madariaga entre otros.
Atención a los títulos de sus libros, que irán publicándose en ediciones mínimas: «El agua y la noche», «El alba sube...», «El ángel inclinado», «La rama hacia el este», «El álamo y el viento», «El aire conmovido», «La mano infinita», «La brisa perfumada», «El alma y las colinas» y «De las raíces y del cielo». «En el aura del sauce» se incluye los diez libros anteriores, más tres inéditos: «El junco y la corriente», «El Gualeguay» y «La orilla que se abisma».
Su obra completa, paradójicamente o no, para un poeta que solo aspiraba a la levedad, es un libro de más de mil páginas... Que empieza y termina en cualquier parte. Como el río. Que es a cada momento diferente.

« Sí, mi amiga, estamos bien, pero tiemblo
a pesar de esas llamas dulces contra junio… »

CHINA: EL JUNCO Y LA CORRIENTE
Viaja a los países socialistas en 1957. Se sorprende al hallar al otro lado del mundo, en la China maoísta de la revolución, un paisaje similar al de su tierra.
Conservará un recuerdo entrañable de ese otro mundo, tan cerca, tan lejos, plasmado en el libro «El junco y la corriente». Piensa en sus amigos, sus hermanos al otro lado del mundo, junto a otro río.:

«Oh, las figuras del cariño, dónde,
¿dónde ellas?
Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan Tsé...
Pero por qué no estáis aquí.
vidas, oh dulces vidas, alas que yo no sabía en otro espacio
también que el de mi corazón...?»

TIPOGRAFÍA Y ESTILO
Sabido es que Juanele posee un carácter visual del poema, lo que lleva a cada signo a ser insustituible. Posee una máquina de escribir con caracteres en tamaño 8 (una letra muy pequeña) y así deben leerse sus poemas. Sostiene una inclaudicable discusión con una editorial española que quiere adaptar la tipografía de sus poemas al tamaño normal (esto es, los más legibles 11 o 12). Lejos de la simplicidad que demuestra el hombre, su poesía irá tornándose cada vez más compleja. Para seguir diciéndose y diciendonos. Para abrir preguntas inmensas, inconmensurables.

«No podemos entrar, Abril, en tu/dicha translúcida.
Hay una sombra, Abril,
la sombra de una inquietud,
que nos deja en la orilla, en la/ orilla, temblando de tu dicha..»

ESTILO. MOTIVOS.
La luz de octubre, abril, los meses y las estaciones, se hacen motivo en su poesía.
Diminutivos (florcita, espinillo), guiones de diálogo, largos versos rematados por un signo de pregunta, son algunas de las características de una sintaxis, siempre en el borde, la orilla. Algunas palabras recurrentes: ella, la niña, la amiga (¿corporizaciones de la poesía?) Serán esos signos de interrogación que por sorpresa cierran largos versos una forma de sugerir que cualquier discurso que no sea una pregunta es un totalitarismo?

“¿Hay entre los árboles una dicha pálida.
final, apenas verde, que es un pensamiento
ya, pensamiento fluido de los árboles,
luz pensada por éstos en el anochecer?”

¿QUIÉN FUE AL RÍO?

¡Quién puede pintar un árbol sin transformarse él mismo en árbol!
(Nietzsche)

Tal vez lo más cercano a un arte poética en Juanele sea el poema «Fui al río», publicado en 1937 en «El ángel inclinado»•.
En el primer párrafo siente al río cerca, está frente al río.
«La corriente decía/ cosas que no entendía».
Se angustia en su intento de comprender al río, «qué decía el cielo vago y pálido en él ».
En el segundo párrafo del poema, el poeta regresa del paseo y aparece una pregunta.
«Regresaba/ –era yo el que regresaba?»
Entonces, de pronto, siente un río corriendo dentro de sí.
Ya no hay diferenciación entre hombre y paisaje.
Ya no está «frente» al río. Es parte de él.
«Me atravesaba un río, me atravesaba un río!»

REPORTAJES. ALGUNAS DEFINICIONES.
Juanele aclara algunas cosas en los reportajes.
Consultado acerca de si hay algo de soberbia en su actitud al margen del sistema: «No, no, ni soberbio ni seguro. Tengo algo así como un poco de dolor, sí, de dolor, esa es la palabra, de no sentirme seguro... no me siento seguro ni de la expresión, alguien me habló de «la riqueza del lenguaje », no... esto no lo es».
Acerca de la permanencia en su provincia:
«Acaso he decidido pasar, como bien dice Machado, «la prueba de la soledad en el paisaje»; dura prueba para todo escritor».
Acerca de la función del poeta:
«En China se siente el acento puesto en la revolución. Mao dice siempre que en la revolución no hay detenciones».
Acerca del desarreglo de los sentidos:
«Ahora mismo cuando estuve enfermo, veía los árboles venir hacia mí como Rilke en Muzot, cuando le parecía que cada árbol respiraba con los pulmones de él».
Acerca de «concretar» una obra:
«Todo me excede siempre. Ninguna realización me ha conformado».
«Yo amo la poesía en estado de latencia».

EPÍLOGO O CONTINUIDAD:
El hombre. El mito. El intelectual. El revolucionario. Sigue fluyendo.

DEJA LAS LETRAS... (fragmento)
Deja las letras y deja la ciudad...
Vamos a buscar, amigo, a la virgen del aire...
Yo sé que nos espera tras de aquellas colinas
en la azucena del azul...
Yo quiero ser, amigo,
uno, el más mínimo, de sus sentimientos de cristal...
o mejor, uno, el más ligero, de sus latidos de perfume...
No estás tú también
un poco sucio de letras y un poco sucio de ciudad?

(De las raíces y del cielo, 1.958)

FUI AL RIO

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Juan L. Ortiz


(Nota de j.g. publicada en la revista La otra, número 19 )

7.2.09

RICARDO MOLINARI



Aquí el sorprendido, el alejado de su lengua
R. M.

La obra de Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1898- 1996) está concebida en la tensión entre la tradición y la vanguardia. Moverse entre romanceros y coplas, honrar a Góngora y frecuentar a algunos de los protagonistas de la Generación del 27, pertenecer a Martín Fierro y a Sur, llegar tarde al ultraísmo, no velar nunca su nacionalidad en los poemas, son algunas de las cosas que lo transforman en un poeta particularmente singular. Tomamos aquí apenas un recorte de su obra, esa parte que parece caminar junto a las teorías del ser, allí donde no casualmente, rinde homenaje, en uno de sus mejores poemas, a Stefan George.

I:
ELEGÍA

No miréis, acaso, estas palabras —sus duras urdimbres—, son las que tengo y no huyen.
Ellas creen de mí, como mi lengua. Cada día andaré más pobre, y las significancias más arduas. Sólo una no se perderá,
la que llega, levanta y merodea, igual a una hoja áspera, arañando el suelo..
por el gran patio del desasimiento.

Ricado Molinari

Lo que perdura no está acaso fijado por alfabetos, en tanto código
de signos.
Todo poeta tiene un más allá de las palabras, pues si el sentido
se coagula o se fija o se detiene, el peligro de la moral o la certeza está al
acecho.
Y cada palabra que apartamos del totalitarismo puede abrir discursos.
Esas duras urdimbres son lo que tenemos en tanto hablantes, en tanto manera de acechar lo indecible.
Pero las palabras que huyen nos interpelan. Y la intemperie o la desnudez desandan las significancias.
Todo gesto poético implica un paso más:
tal vez la fidelidad a esa única palabra que es propia, manifestándose desde ese texto que permanece en lo no dicho.
Verbo que asume su indigencia entre las significancias arduas, y pide un despojo, como la hoja que se arremolina por el patio. Palabra que toca el desasimiento mismo, para que el poema sea posible.

jg

II
UN DIÁLOGO:

En su conferencia LA PALABRA, Heidegger se extiende largamente sobre el siguiente poema del simbolista alemán STEFAN GEORGE (Alemania, 1868-1933):

LA PALABRA

Sueño o prodigio de la lejanía
Al borde de mi país traía

Esperando a que la Norna antigua
En su fuente el nombre hallara -

Después denso y fuerte lo pude asir
Ahora florece y por la región reluce...

Un día llegué de viaje feliz
Con joya delicada y rica

Buscó largamente e hízome saber:
«Sobre el profundo fondo nada así descansa».

Entonces de mi mano se escapó
Y nunca el tesoro mi país ganó...

Así aprendí triste la renuncia:
Ninguna cosa sea donde falta la palabra.

STEFAN GEORGE


Ricardo Molinari le dedica a Stefan George versos como los siguientes

si fuera útil vivir,
si fuera necesario,

en la bella elegía que transcribimos a continuación:


UNA ROSA PARA STEFAN GEORGE

Il va parmi ses fleurs;
et les souffles de l’air

Hölderlin
(Similis factus sum pellicano solitudinis)

No es la paciencia de la sangre la que llega a morir,
ni el sueño ni el mármol de Delfos, sino el polvo
que se calienta entre las uñas.
Qué importa morir, que se borren las paredes como un río seco;
que no quede una flor en la calle con su borde de luto en la frente,
ni el viento sobre las piedras podridas.

Qué haces allí, tronchado sin humedad,
con tu dicha sin aliento, con tu muerte tendida a los pies.
Con tu espuma llena de ceniza. Desdeñoso.

Ya vendrán los hombres con el ruido, con los gestos;
pero el odio seguirá intacto.

Todos te habrán estrechado la mano alguna vez,
y tú habrás bebido la cicuta en la soledad,
como un vaso de leche.

Adiós, país de nieve, de ventisca agria, sin gentes que digan mal
de ti. Eterno. Desnudo.
La sangre metida en su canal de hielo
—fuego sin aire— Jordán perdido. Si el tiempo
tuviera sentido
como el Sol y la Luna presos;
si fuera útil vivir,
si fuera necesario,
qué hermoso espanto: tengo la voluntad avergonzada.

Yo soy menos feliz que tú. Me quedo combatiendo
sin honor,
con un haz de ramas en las manos.
Duerme. Dormir para siempre es bueno, junto al mar;
los ríos secos debajo de la tierra con su rosa de sangre muerta.

Duerme, lujo triste, en tu desierto solo.

¡Esta palabra inútil!

RICARDO MOLINARI

III:
POÉTICA Y OTROS POEMAS:
Algunas palabras de Ricardo Molinari sobre su obra:
Esta es mi obra El tiempo jugado. Un extenso cuaderno de complejidades, dudas y experiencias, de aprendizaje, ejercicios y busca tensa de un tono de armonía interior saludable. Dulce y seco.

CASIDAS DONDE LA TARDE ES TARDE ES UN PÁJARO
I
Ellos dirán al verme tan solo: va como un río, sordo en su corriente, desatado.
Ellos dirán que llevo la soledad parapetada por muchas lanzas, por el polvo,
que tengo los ojos cerrados, irritados por la luz.

Ellos dirán: mañana volverá a su muerte, a ser rehén, campo mustio de amapolas, tristeza sombría.

Ellos dirán: al fin la espada de su voz descansa junto a su cuerpo arrastrado por la tierra.

II
A mi lado va una mujer que lleva un angosto ramo de alhelíes, y el acero de sus carnes
mojado por la aurora.
Cargado de cadenas me ve el amanecer, con un jaguar que bebe mi sangre rodeado de
arroyos.

La curva del río nos llama por nuestros nombres, y no sabemos nada, porque estamos
en el sueño excedidos.

III
¡Oh, tú que te alimentas de mis pobres ojos y me dices: Siempre pensaré en ti,
hasta que se seque mi piel al sol y mi lengua se destruya bajamente por la arena!

- Repítelo, quiero estar protegido, porque mi corazón se ha acostumbrado a la desdicha.

IV
nadie te ha visto a mi lado como no se ve la savia de algunas flores;
te cubres de mí, andas por dentro para vivir sin peligro, y el aliento de tu voz se mezcla
con el mío, igual a dos hojas donde ha de brotar un narciso.

No pienso nada más que en ti, por eso busco la lluvia y las orillas de los ríos donde
crece el azafrán.

4 de abril 1939

Huye el día, pero la noche te encuentra conmigo;
veo llegar las lunas llenas; ya oigo el clamor del agua que empapa las lenguas ásperas
de los venados y acosa las raíces del desierto.

Quisiera que me lamentaran como a un muerto, porque he sentido por mi piel correr
a sangre de mis amigos.
Qué me espera vivir, si ya no he de ver los pájaros volando por el cielo, ni deseo larga
vida a las flores.
Pero ¡ay! quisiera saber aún cómo duermes.


ELEGIA

Anochece, a veces, ahora, veo un dulce espacio en la llanura, oculto en un campo verde;
liso, sin aire, diáfano; inimaginable de luz, y allí,
una mirada y un árbol que sombrea intenso con sus retorcidas ramas suntuosas unos muros.
Y allí, y siempre allí, una mujer que aguarda sin movimiento,
los ojos pasados en el infinito grande del vacío, tal vez vivos, y lleva otras ropas largas,
antigua, tensa y joven. Y nada más, ni un caballo,
ni un arroyo, ni un mísero perro.

¡Solo mi corazón ventea esa llama!


ENDECHA

Quizás —en él — haya tomado el desdeseo y las penas áridas
del alma le lleguen abiertas, o lo abracen y deshagan sin mover los ojos
ni el cabello reseco encoja, desasosegado, al recibir
los gruesos vientos
de su nación; lo extraviado, que lo propuso
a la desprendida nada, al tiempo desentendido y escueto y angustioso. Extraño
lo hallarán los pájaros,
los descendientes temporales cansadores, mirando las horas sin esplendor, los días
muertos y desconocidos.
Allá donde acaso quiso;
donde llama
la perdiz grande;
arriba, donde aún resuena el tambor,
en mágico vacío vague.

11.1.09

HOGAR EXPRESO


en la noche
el ruido del paso
del tren


la llovizna sobre el terraplén
riela los caminos del olvido
el tren que perdemos. el que partió demasiado tarde o demasiado temprano.
la virgen protectora de los viajeros. neodiosa guardiana de los santuarios.
transcurrir en perpetuidad. anécdotas. sutilezas.
el viaje es perpetuo y llega tan lejos...


PISTAS (tracks 1 a 5):
cuantas veces se re comienza.
barajar y dar de nuevo
todo es un ritual de valijas y pasajes
trenes hacia otros trenes hacia parte ninguna

¿viste el eco de los pájaros te escuchaste dormir
desmesura
andenes
paz del viajante en el tembladeral
estrépito del mar en los rieles ?

la proximidad del no destino logrado
une puntos de partida.


PISTA (2: tracks 6 a 10) :
los four quartets en la mochila. tres pistas de neil young.
multiplico las muchas moradas en la casa de mi padre.
las cartas. los blisters. un plus. un exceso.
la vida se despliega en posibilidades y la muerte es tan inmensa.

14.12.08

MIGUEL ANGEL BUSTOS: EL TIEMPO RECOBRADO


Con humildad, a Emiliano Bustos
Por la memoria. Por la fuerza. Por la victoria.

Hacia junio pude conseguir un ejemplar de Cheetah, el estupendo libro del poeta Emiliano Bustos y algunos de sus versos aún me resonaban (Tigral, tigral, / te dicen por tantos tigres / en tu alma).
Desde julio de este año, cuando se editó — casi en silencio — la poesía completa de Miguel Angel Bustos — el padre de Emiliano Bustos— lucho con estas líneas.
¿Puede la edición de un libro de poesía constituir un acontecimiento literario y político a la vez?

Porque sería un acto de insensatez, negar o intentar menguar el dolor que la desaparición de Miguel Angel Bustos causó a sus familiares y amigos.
Pero desde este invierno, camino una vez más por Buenos Aires con ganas de gritar que los militares perdieron.
Porque el silencio impuesto por el poder no dura. Se impone la voz de los poetas.. Porque, como concluye Hölderlin en su himno Andeken:
«Lo que perdura lo instauran los poetas»

Quiero contar mi primer encuentro con la obra de Miguel Angel Bustos. Como todo poeta joven, aún me hallaba en busca de una voz. Una mañana de 1.990 compré el diario Sur, que incluía una pequeña antología de los poetas del 60.
Cabe decir que la mencionada antología incluía a Juana Bignozzi, Susana Thenon, Juan Gelman, Luisa Futoransky y Paco Urondo.
Y claro, había allí unos pocos poemas de Miguel Angel Bustos.

Quisiera a lo largo de estas líneas torpes, despojarme de cualquier pretensión literaria y volver a aquel instante de conmoción.
Eso no era el lenguaje coloquialista. No eran los tangos citados y reformulados. No era panfletarismo.
Lo que sentí fue hallarme en presencia de un lenguaje revelado.
Eso.
No en presencia de alguien que trabajaba con el lenguaje, sino de alguien habitado y desbordado por el lenguaje mismo.
Quiero quedarme con aquella primera impresión.

Los años pasaron y hoy puedo decir que he dado a leer en mis clases la poesía de Bustos, obteniendo siempre el mismo resultado: la conmoción del lector. Jamás la indiferencia o la mera atención.
Se que decir estas cosas va en contra de un canon establecido, quizás por los seguidores de la religiosidad católico-canónica de Eliot o por lecturas estructuradas o académicas o por cualquier cosa que proscriba las revelaciones.

El mundo, la vida, se empeñan en hacernos creer que las revelaciones no son posibles. Y después, algún pseudo profesor, junto a los críticos de turno, instaura un canon.

¿A quién le va a importar, al final, esa noche que no dormiste porque la lectura de un poeta lejano te decía como nadie la magnitud de un mundo sin límites establecidos, un mundo que era más vasto, salvaje y complejo de lo que te habían hecho creer?

Miguel Angel Bustos: cosmogónico, agonista, visionario. Con ecos en su escritura de William Blake y Hölderlin, Rimbaud y Nerval. Con fama de poeta maldito: por sus quebrantos, por su epilepsia y por su filiación poco habitual en lengua castellana. Con algún eco de Vallejo y contactos en la poesía española. Con su lectura de libros sagrados. Con su americanismo que lo lleva a indagar las raíces de esta tierra.

«Místico en estado salvaje»
es la definición que Paul Claudel utilizara para el gran poeta Arthur Rimbaud y que el mismo Leopoldo Marechal aplica a Bustos.

Amigo de Marechal, como decíamos, frecuentó, entre otros, a Alberto Girri, a Juan Gelman, a Paco Urondo y conoció a Alejandra Pizarnik. Durante una internación en el Borda, trató a Jacobo Fijman. Publicó cinco libros de poesía, viajó por Latinoamérica para indagar en los mitos ancestrales de su tierra y se dedicó también al periodismo. Obtuvo el Segundo Premio Municipal de Poesía en 1.968. En mayo de 1976 fue secuestrado por un comando paramilitar. Aún permanece desaparecido.

Estos datos tendrían que ser suficientes para intuir la importancia del escritor que abordamos.
Pero por alguna circunstancia difícil de explicar, treinta y dos años después de su desaparición, recién ahora podemos leer su poesía completa.
La edición de su obra es un acontecimiento literario, pero, decía, también político.

Allí está su voz: triunfal, más fuerte que nunca, comprometida con su tiempo y con lo que vendría. Esto es lo que va a quedar.
Jamás el discurso de un general ignorante.

Tanto la edición de su poesía completa, como la de su obra en prosa, la debemos al vasto y ordenado trabajo de Emiliano Bustos.


yo soy Hiperión
fénix en las aguas de mil
soles en el país de Diótima. Canto
mi soledad porque apareces,
canto porque me ves:

(iluminado en los esmaltes de mi
música, iluminado en el color veloz
de mi tristeza)

CANTO
huyeron los ríos,
Diótima gira errante en el millón
de galaxias–serpiente de oro en las
montañas de la luna.

CANTO
porque entras en el reino de
POLIFEMO-SEÑOR: ojo solitario de
toda visión atada a la multiplicidad
del mal:
(en cada piedra
en cada metal en cada flor o puerta
que se abra al jardín que te llama
antiguo)
tu corazón-unidad ha de sufrir di-
vidido en mil rostros
aquí TODO es enigma ESFINGE fá-
bula de fábulas en la noche de todas
las noches.

CANTO
mi sueño agonía en la curva de mi
vuelo
el vuelo de mis alas en tu sueño que
has de estrangular
si quieres el

VERBO
monte de piel viva
Señor- desollado
(¿acaso este es un libro
un monte que alucina a sus piedras
un Verbo infinito que clama por
todos loas verbos en la salvaje barba-
rie de lo que jamás ha sido verbal?)

(de El Himalaya o la moral de los pájaros)


DESPEDIDA

Estos poemas son para
el niño de Alma
muerto en las sales de
un mar de sangre.
Crecerá un trébol de fuego
en su jardín.
Estrellas elementos de Alma
Respira
el invierno no será eterno.

(Lima, 25 de junio de 1.962)


SONIDO DE LA VOZ HUMANA

Llueve húmeda será la luna cortada
a ras del cielo sangriento que me cae.
Por cada vez siempre
me pongo y salgo
con mi corazón de sol sobre el horizonte.
Daré a todos
la puesta de corazón aquella
de las seis de la mañana del día más puro..
Hago la noche hago de cuenta que hablo visible invisible.
No seré de los de un hierro y un alma solos.
Luz no olvido lo que imagina mi sangre en tus venas mi boca
que no es mía.
Soy mil por mil a cuatro costados
un cuerpo mundo de mil lenguas.
No olvido créeme no olvido
acabo de nacer no olvido para siempre.

(De Fragmentos fantásticos)


NOTA RELACIONADA:

TUVE QUE MORIR VOLVER A USTEDES

23.11.08

EROTIÓN - EPITAFIO - MARCIAL



EROTIÓN

A vosotros Frontón y Flacila, sus padres, esta niña os confío,
la pequeña Erotión, goce de mis labios
y a mis delicias, para que venza el miedo a las negras tinieblas
y a las fauces monstruosas del can Tartáreo.
Hubiera visto derretirse el hielo de su sexto invierno,
con que hubiese vivido igual número de días.
Que entre tan venerables protectores juegue y retoce eternamente
y pronuncie mi nombre con balbucientes labios.
Fosca hierba, no cubras para siempre sus blandos huesos. Tierra, no le seas pesada:
no lo fue ella para ti.



marcial, v 34, poeta latino, 40 - 104
versión de luis alberto cuenca y antonio alvaz;
antología de la poesía latina

26.10.08

YO TE LLAMARÉ GUERRA


Douve es lo que vacila y cae, el temblor mismo, lo imposible de la imagen vislumbrada, el amor derrotado por la ley de gravedad, rescatado por la poesía.
Lánguida celebración de lo que aún pervive: «la vida que se mantiene en la muerte». Douve, sigue siendo brecha (antimateria?), punto de máxima densidad que posibilita la palabra plena. Poesía.
En versos del mismo libro, del mismo Bonnefoy: «...Que el verbo se disipe/ sobre esta faz del ser donde estamos expuestos/...»


«...palabra/puente...»


¿Qué asir sino a quien escapa,
Qué ver sino quien se ensombrece?
Qué desear sino a quien muere
a quien que habla y se desgarra?

Palabra a mí cercana
¿qué buscar sino tu silencio,
qué fulgor sino el más profundo
tú amortajada conciencia,

palabra, tangible puente
hacia el origen y la noche?


«...ante tus signos...»


¿Qué morada deseas levantar para mí?
¿Qué negras escrituras cuando el fuego se acerca?

*

Vacilé mucho tiempo ante tus signos,
me apartaste de toda densidad.
*

Mas he aquí que la noche incesante me guarda
con caballos sombríos yo me alejo de ti.

*

«...yo te llamaré guerra...»


Desierto llamaré al castillo que fuiste,
ausencia a tu mirada, oscuridad a tu voz;
y cuando te derrumbes sobre la tierra estéril,
al rayo que te empuja lo llamaré la nada.

Morir era un país que tu amabas. Recorro
desde la eternidad tus caminos sombríos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria;
yo soy el enemigo que no tendrá piedad.

Yo te llamaré guerra y usaré
en ti las libertades de la guerra, y tendré
entre mis manos tu rostro traspasado y oscuro,
en mi alma esa región que alumbra la tormenta


NOTAS SOBRE EL MISMO AUTOR:


22.10.08

ACERCA DE CLAUSURA, DE LILIÁN CÁMERA. UNA LECTURA POR LOS EPÍGRAFES.


Intentaré hacer una breve lectura del libro de Lilián Cámera, tomando bordes y entrelíneas. Es decir, lo abordaré, en esta ocasión; de forma tangencial, lateralmente, intentando acceder a él a través de márgenes, borradores, entrelíneas, etc.
Reparo primero en las dedicatorias del libro: al hijo y al padre de la autora.
Es decir: el padre, el hijo y... ¿qué figura podría faltar aquí? ¿El Espíritu Santo? Lo digo con humor y respeto, pero también como una forma de adentrarse en la densa atmósfera que propone CLAUSURA.
Pues bien, la «novicia» que inicia su peregrinaje a través de estas páginas, habrá de recorrer un largo trecho entre los claustros que estas páginas proponen..
Una de las cosas que llama la atención del libro—monstruo, son los epígrafes elegidos para abrir cada una de las cinco partes de las que se compone el volumen: se abordan literaturas «políticamente incorrectas».
Quiero decir, la elite intelectual no suelen citar a la novelista Anne Rice, autora de «Entrevista con el vampiro». Pero el vampiro tiene una innegable vinculación con el poeta romántico. (Además, encontraremos en el libro alusiones a la flor azul de Novalis ),
Y vaya sorpresa nos llevamos al leer: «Realmente, qué pueden decir los condenados a los condenados?».Si entiendo algo de literatura, esa cita o ese verso es estupendo y lo pone Anne Rice en boca de un vampiro, en boca de una de sus criaturas de la noche...
Particular fenómeno: literatura periférica renegada por la intelectualidad, reabsorbido en el proceso de la autora.
Otra de las particularidades de CLAUSURA, y aquí me detengo un poco en la forma, es el retorno a los caligramas, el poema—dibujo, creado por el inmenso poeta Apollinaire y también frecuentado por el creacionista chileno Vicente Huidobro.
Y de los caligramas, el que más me gusta es el que, como un chiste interno, llamamos el «Lexotanil pie», es decir, no el «Lemon pie», sino el cóctel de benzodizepinas. Aquí la autora recurrió a otro de sus libros de cabecera: el Vademecun.
Claro, no digo todo esto sin humor, pero Lilián (y quien les habla) somos ávidos lectores de prospectos. Supongo que la autora sentirá el mismo placer que siento yo al, ante cada nuevo medicamento, adentrarse en las bíblicas y muy redentoras promesas de las indicaciones y temer las siempre apocalípticas contraindicaciones. En este punto no solo reivindico la hipocondría como un hobby que no daña a terceros, sino que además... defiendo el derecho de cualquier escritor a tener un buen ataque de pánico como Dios manda. Ya que hablábamos del pastel de Valium... ¿Por qué andar escondiendo los blíster antipánicos o antidepresivos en un bolsillo? ¿Acaso los escritores no solemos tener este tipo de trastornos?
No hay que mantener ninguna imagen cool, por favor, escritores amigos y enemigos, aflojémonos un poco.
Los dilemas del cuerpo son ampliamente abordados en el libro «Corpus», que lleva como epígrafe un poema de mi autoría, hecho que me honra y no me permite suspicacia alguna... (Espero que no sea solo una alusión al chaleco químico).
Llegamos a otro curioso epígrafe: el de «Dune» de Frank Herbert. Las lecturas de la autora han incursionado en forma abundante en la ciencia ficción y el terror.
En el poema «Pixeles» aparecen versos de un autor muy poco abordado. Me refiero al poeta— aforista Edmon Jabès, que fuera amigo de Paul Celan y al que Derrida dedicara algunas páginas inspiradas.
Voy a un aforismo de Jabès: ·«mi desierto es espejo divino pulverizado». Creo que, en el imaginario de la autora, conviven el desierto del dios emperador de Dune, con el desierto de Jabès, relacionado con la página en blanco de Mallarmé, eso de «errar en la extensión infinita del verbo», goce disolutorio si los hay (¿espíritu santo?) e incluso el desierto del nihilismo activo de Nietzsche: «El desiero avanza».
«Ay de quien alberga desiertos», como dijera Zaratustra...
Suelo definir a la autora como un fenómeno de generación espontánea o combustión espontánea. También digo que practica a lo largo del libro su juego preferido: la dialéctica de la presa y el cazador.
El libro cierra con la furia visionaria de «El futuro», donde la novicia impreca en pleno trance místico y visionario.
El último epígrafe corresponde a Alejandro Drewes:
«...Dame una máscara blanca y la boda del cuchillo: ahora mismo, antes de que sea invierno, silencio, nada... »
Máscara que aquí tendrá el valor lúdico de Dionisio y ante la amenaza de la nada o el silencio exige la violencia. Violencia que, afortunadamente, le es concedida.
Vale preguntar... ¿puede saldarse el dilema de lo ausente, esa carencia inaugural que es materia fundante de todo autor, en un poema que se llame Alien 2 y que lleve por epígrafe la frase de aquel afiche promocional: «en el espacio exterior nadie escuchará sus gritos»?
En fin, la novicia ha recorrido un camino vasto a través del libro— abadía, de la joven en los claustros a la imprecadora visionaria, victimando a sus victimarios y deviniendo ella misma esa figura que faltaba, madre, mujer autora, poeta, madre de sí misma (Rilke y eso de «tornar la desprotección hacia lo abierto») y entonces sí, una figura nueva emerge, por inversión de signos, por cambio de polaridad, tornando la clausura en un momento inaugural.

INTENTO DE RECONSTRUCCIÓN DE LAS PALABRAS PRONUNCIDAS EN LA CASA DE LA LECTURA, durante la presentación

5.9.08

EX

foto:diane arbus

nos sentamos a hablar sobre los escombros del amor/ nosotros y los que fuimos alguna vez/ –no hace mucho. no, no hace tanto-/ bajo la sombra estéril de lo perdido/ (todos los pudo haber sido)/

podemos hablar con los que fuimos?/ recordarnos con piedad en el lugar de nuestro encuentro? /qué tiene dimensión de nuestra pérdida?/ qué dice ahora nuestra derrota? / puedo aún decir me olvidaré?

sobre las ruinas de lo que fue/ aún podremos salvar algo? /tendremos piedad con el pudor?/ sabremos aún tener piedad con los secretos?

¿quién tiene dimensión de lo que deja?
¿quién tiene dimensión de lo que pierde?


NOTAS RELACIONADAS

29.7.08

BLASFEMA

FOTOGRAFÍA: POL NEIMAN

I) DE CALLES Y NIÑAS

las niñas corren en el barro con crucifijos adheridos a sus pieles sonrojadas. hacen rondas de bullicios con mandatos de muñecas acunadas. tienen interrogaciones profundas tatuadas como cosquillas bajo el ombligo. pliegues en sus vestidos rojos de algodones. cargan con el peso exhausto de nuestras miradas. llevan primaveras entre sus piernas débiles y, en sus cabellos, salidas apuradas del colegio.


II) HUELE A SUICIDIO ADOLESCENTE

un sueño se ha roto bajo tu pielcita que nos reclamaba la primavera
!tardío volar para ese pájaro que se atrevió en la lluvia¡
papá golpeaba a la puerta y le sonreías al póster ignorándote de ti misma
¡ esa adolescencia que nos cambia el cuerpo y se lleva nuestra niñez
para devolvernos a formas de placer prenatal!
¡ese adolecer que es como el vértigo del auto de la tragedia, antes llamas, hoy oxido bajo la lluvia!
avecita tonta que tuvo miedo y voló...
tu sangre no es lo suficientemente limpia en la cordura de mamá que ya no mira, solo sostiene tu cuerpo inerte y nos pregunta por qué...
cuando la tarde nos quita cualquier signo que pueda nombrar nuestra ya absurda identidad...


© Javier Galarza

3.7.08

DIEZ MIRADAS BAJO UNA TRAPECISTA

imagenes: wim wenders- der himmel uber berlin

1.
te ofendió llegar tan lejos.
negar sería acaso ese énfasis
que podría inscribir tu tachadura?

2.
mis ojos de perro iban a estar allí.
agradecido por los éxtasis y los mendrugos.

3.
le alcanzó un número de teléfono.
para privársela.
la ganó, perdiéndola.
fidelidad al crimen primordial?

4.
en las danzas de la ingenuidad, las extrañas
se supieron constatadas hasta la embriaguez.
vértigo sus faldas al viento, mientras dure la vida.

5.
ella sumó y restó.
resultado: dividió.

6.
para amar a una extraña se hace extraño.
se pierde para perder.

7.
era yo el que faltaba cuando
—en los días de lluvia—
algo no cesaba de no retornar
junto a su mirada?

8.
cuanta entidad pierde al faltar en sus retinas?

9.
las fotos viejas desdibujan el cuerpo de los ausentes.

10.
contrincaba. miraba lo que él tenía
para no saber qué le faltaba a ella.
el rechazo la enaltecía, la mirada
de los otros.

11.
la estela de su perfume anunciaba los futuros al llegar.
la estela de su perfume delata lo que es pasado. al partir.


© Javier Galarza

4.6.08

LOS ALFABETOS


1. ¿QUE subyace en la base de todos los escritos, cada escritura o libreto?
¿Ocurrirá en verdad que toda escritura es sagrada?
¿Qué hipertexto subyace la tragedia de los textos que guían nuestro destino, allí esperando por nuestros pasos, hilando nuestros hados y vidas?

2. Las piedras como tablas de revelaciones nunca cuestionadas, el error de la letra muerta, el error de los oráculos, realidades que se desentienden de la vida, caudales inasimilables....

3. El recaudo imprescindible ante cada escrito que deberá guiarnos, los sobrentendidos, los malentendidos esenciales, los mandamientos tácitos.
Yendo a la base misma de toda historia de la historia... ¿puede el error ser confrontado en su fundamento y fundación?

4. ¿Qué era en el principio? ¿El caos ante la falta de la palabra?
¿Habrán los futuros perdido acaso la incertidumbre que les es inherente?

5. Los ojos cegados por extrañas maldiciones. La voluntad. La acción que es en sí origen de todos los Universos, acaso comprometida con el error desde el primer movimiento. Todo ese caos que llamaba a la nada originaria. Donde la calma era en la inacción.

6. La mirada. Las distintas miradas sobre la vida. La mirada positiva, la mirada desolada, la mirada ciega. La infinidad de visiones sobre la vida, el abanico en despliegue de todas las posibilidades. El llamado embriagador de lo infinito.

7. Los alfabetos. Y sus puertas y sus errores y sus aciertos y sus abismos. Los infinitos de sus combinatorias y cada letra como una llave, un código o una trampa más que aumenta el error.


© Javier Galarza

7.5.08

INTER TEXTOS

ILUSTRACION: ARCIMBOLDO

1. Me permito un chiste junto a un tomo de Freud. Allí dónde Neruda romantizaba «es tan corto el amor y tan largo el olvido», escribo «es tan corto el amor y tan larga la capacidad de sustitución del objeto perdido».

2. «El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno es sin el otro.» apunto leyendo a Martin Heidegger.

-Me siento vacío.
-Mejor.

3. Es casi inevitable hacer un paralelismo con los orientales, el budismo, el zen con su filosofía del vacío, lo anti resultadista, el psicoanálisis incluso.
«El destino es el camino.»
«Deja de buscarlo y lo encontrarás».

4. Copio una breve elegía de Ricardo Molinari:
ELEGÍA

No miréis, acaso, estas palabras —sus duras urdimbres—, son las que tengo y no huyen.
Ellas creen de mí como una lengua. Cada día andaré más pobre, y las significancias más arduas. Sólo una no se perderá,
la que llega, levanta y merodea, igual a una hoja áspera, arañando el suelo.
por el gran patio del desasimiento.

5. «He pasado de estar preocupado por cosas que no me conciernen a estar concernido por esas tantas cosas que ya no me preocupan. Eso es la cura.»
(Friedrich Nietzsche)

6. regocijo ante el fluir de la vida maravilla ante lo inabarcable celebración de toda circunstancia ese ahora que es tantos ahora posibles diversificado en elecciones

el despojo el desasimiento la pérdida implícita en cada ganancia del camino la libertad del viajero con equipaje liviano


7. desasimiento aligeración danzamúsica músicapalabra ebriedad medida desmesura

8.4.08

APUNTES INCO- NEXOS DE LA MADRUGADA


1. Los pensamientos incompletos, los diurnos pensamientos incompletos, colapsan ante la estática: se fragmentan entre las cabezas que multiplica la ciudad y hallan su prolongación natural en la boca del sueño.

2. Me gusta caminar solo, entrar en templos de cultos de países lejanos (cosas que me remitan a lejanías y extranjerías) y buscar tesoros en librerías de usados.

3. Creo también que nos duelen y constituyen las marcas que el amor deja en la penumbra.
Mi biblioteca es el refugio donde suelo curar mis heridas, confirmando y devastando cada convicción que me mantiene. Y no.

4. He de nombrar: el hombre encerrado en edificios como prisiones de cemento, dividido por paredes como un animal sin gracia. Denunciaré esta estructura que convierte en extraño un prójimo a amar. En nombre de la privacidad: la indiferencia, el «no hables con extraños», el amor de turnos de media hora. Aniquilamos la pasión.

5. Tiene un cuerpo, más no lo es. Lo pendiente, pende.

6. Se ha deshecho de miradas que lo prometían, poderes no del todo desarticulados. Se actúa para sí. Desde lo real, no se metaforiza, no se fluye en palabras. Afasia.

7. Habitual desascostumbramiento a su naturalidad, a su naturaleza. Identificado con la pérdida, no disfruta de su haber, no ve su ganancia.

8. Invoca en palabra el llamado de su salvajismo, de su otro fuerte y animal. La pesadumbre clausura las pulsiones. Siempre en tránsito de nacer, de alumbrarse.

9. Algo se escribe en lo real del cuerpo, de ahí la imposibilidad de leerlo. Hacer cuerpo en la escritura. Quemar el libreto de los días. Tachar. Subrayar. Corregir. Se lee en los márgenes. En lo no dicho. Las periferias.
Esta gramática que somos.
Esta gramática que nos dice.

10. A ese decir que reformula lo sagrado sin develarlo, suelo llamarlo poesía.
Es un exceso de sentido, un plus que más allá de lo decible, un más allá de, que posibilita LO OTRO.

© Javier Galarza

7.3.08

ARCHIVOS PIZARNIK






















alejandra pizanik y juan josé hernandez

«...«tus senitos benjamines» dijo Lugones y yo me asusté.»— escribe Pizarnik en «La conversadera», uno de sus desbocados textos en prosa.
Tal vez se trate de una burla a la inclinación que experimentaba Leopoldo Lugones por las adolescentes.

En un reportaje que le hacen Pizarnik e Ivonne Bordelois a Borges, Alejandra se maravilla de la humildad de Borges cuando les dice: «entiendo — y esto lo dije antes del suicidio de Lugones — que el movimiento ultraísta en este país fue un movimiento un tanto superfluo y tardío, porque Lugones ya había hecho todas esas cosas; y creo que las había hecho mejor que nosotros; o en todo caso, mejor que yo — porque no tengo por qué juzgar a otros poetas— en su «Lunario Sentimenta», o sea, unos 15 años antes de nuestra supuesta producción. »

Cesar Aira declara en un reportaje a la revista Ñ: «Recuerdo que Pizarnik me decía que había encontrado un verso bueno en Lugones, que hablaba de una niña que salía del mar desnuda y nombraba sus «senitos benjamines». Una vez, leyendo a Jules Laforgue, encontré en él los famosos senitos benjamines. Por algo dijo Oliverio Girondo: «El mejor Lugones es un mal Laforgue»

El poeta Juan José Hernandez hace un trabajo más serio y por momentos fascinate. Citamos algunas de sus declaraciones sobre Lugones en un reportaje que concede a Alejandro Margulis:

«En Lugones, el signo Luna-doncella remite a una imagen casi infantil, y por lo tanto prohibitiva, que da origen a sentimientos de afirmación viril, de culpa y de renuncia sensual. El poeta acabará por identificar a la muerte con el plenilunio: Gota de la muerte/ plácida y serena,/ gota de la copa/ de la luna llena.»

«La madurez sexual de la mujer, sus pechos generosos y sus caderas anchetas, como diría el Arcipreste, le parecían igualmente innobles. No respondían para nada a su concepción de lo femenino como enigma espiritual y foco de irradiación mortuoria.»

Gestos, palabras y discusiones, siguen desplegándose en la trama simbólica de la poesía y sus protagonistas.

5.2.08

UNA CANCIÓN POR ANNE SEXTON







para anne sexton

mirando sobre calles vacías, todo lo que ella puede ver/ son sueños tornar sólidos/
son los sueños tornar reales// todos los edificios, todos esos coches,/ fueron una vez sólo un sueño en la cabeza de alguien// ella pinta el cristal roto, ella pinta el vapor/ ella pinta un alma/sin el escape en la costura//
deja salir al bote/ espera hasta la oscuridad/ deja salir al bote / espera hasta que la oscuridad venga/
nadie en los corredores de pálidos verde y gris/ nadie en los suburbios/ en la fría luz del día// en medio de esto tan viva y sola/ las palabras soportan como huesos//
soñando con el santo de la piedad/ te vistes hacia fuera/ soñando con la piedad/ en los brazos de papi otra vez/ soñando con el santo de la piedad/ jurar que han movido la señal/ soñando con la piedad/ en los brazos de papi otra vez//
sacando los papeles que se deslizan de los cajones/arrojando a la oscuridad, palabra sobre palabra/ confesando todos los secretos en la tibia caja de terciopelo/ él, el doctor- sacerdote/ el puede manejar los shocks / soñando tiernamente, el temblor en las caderas de los besos de los labios de María//
soñando con el santo de la piedad/ te vistes hacia fuera/ soñando con la piedad/ en los brazos de papi otra vez/ soñando con el santo de la piedad/ jurar que han movido la señal/ soñando con la piedad/ en los brazos de papi otra vez//
piedad, piedad, buscando piedad/piedad, piedad, buscando piedad/
anne con su padre está fuera del bote/ cabalgando el agua/ cabalgando las olas del mar

PETER GABRIEL. ALBUM: SO (1986)

Necesitaba venir. Quería encontrarte. Decirte que las palabras guardan entrelíneas: el hipertexto de lo no dicho. Y siempre, en algún lugar, resuena lo no pronunciado. Para alguien.
Tres velas rojas para una cena con Karina. Té para tres, en noche de año nuevo.
Vos la acompañaste a las guardias psiquiátricas. Siempre eran ella y su hija. Y cualquier otro.
Mientras bailabas con tu gente, me tendí borracho en tu cama para ver en T.V. el resumen del año. Karina subió llorando y me preguntó si podía ver la televisión conmigo.
Pero no, no es eso. No se trata de eso, no hoy.
Quería hablarte de «Mercy Street», la mejor canción de Peter Gabriel. Esa que nos hizo llorar tantas veces. Cada vez que en el vídeo, aparecen los dos perros pequeños, vuelvo a llorar. El bote, la playa en blanco y negro. Es infalible.
Aquella noche subí a preparar un té muy dulce como conjuro.
«Mercy Street» es una canción para la poeta Anne Sexton.
(Mobiliario: personalmente me estremecen los muebles de una casa entre los que ocurrió el amor.)
Mejor leamos a Anne:

«estábamos en nuestros propios cuerpos/(este cuarto nos enterrará)/ y tú estabas en mi cuerpo/(este cuarto nos enterrará)» (del poema «Nosotros»).

Todo perecerá y tal vez apenas seamos eso: el sueño en la memoria de alguien.

Algo dice Anne Sexton, algo que suele quedar en el secreto:

«Déjame descender a tu alfombra,/ a tu colchón de paja - lo que tengas a mano,/ pues la niña en mi interior muere, muere...»
«...Ahora soy tu madre, tu hija,/ tu pequeña cosa nueva- un caracol, un nido./
estoy viva cuando tus dedos viven.» (del poema «El pecho».)

Algunas mujeres dicen cosas que destruyen nuestra concepción «dura» del lenguaje:

«Te pienso en la cama,/tu lengua mitad chocolate, mitad océano» (del poema «Once de diciembre»)

Dicen que el psiquiatra de Sexton, el mismo que la alentó a escribir, dio a conocer el contenido de grabaciones con «su paciente» donde Sexton revelaba haber cometido incesto con su hija.
Leemos un fragmento del poema de Sexton «Aquellos tiempos»:

«...y así pasaba el día esperando/ que mi madre,/ la grande,/ llegara a desvestirme por la fuerza.
Yacía silenciosa, / atesorando mi pequeña dignidad./ Sin preguntar acerca de la reja, o del closet. / Sin poner en duda el ritual para acostarme/ cuando, sobre el mosaico frío del baño, / me extendían a diario /buscando faltas...»

Y otro fragmento de un conmovedor poema compuesto para Joy, una de sus dos hijas.
«fuiste mía/ y te presté/busco himnos sin complicaciones/ pero el amor no los tiene.»
(de «Un pequeño himno sin complicaciones»)

Anne Sexton (1928-1974) fue compañera de Sylvia Plath (1932-1963) en el seminario de Robert Lowell y halló su propia voz antes que Plath, influyendo sobre ella. Esas voces confesionales, entre beatniks e imaginistas, que a través de bellas imágenes horadan el patriarcado. Hacen síntoma a la pesadilla del modo de vida americano.
Lo autobiográfico es el magma con el que construyen su discurso.
Una madre desnuda a su hija. De esas cosas no se habla.
Cosas de las biografías. Abortos. Casamiento. Hijas. Separación. Depresiones post parto.
Suicidio: Monóxido de carbono.
Psiquiatras que confunden poesía con laborterapia.
Sexton sorprende por cierta descarnada intimidad que pone a jugar en el poema.
En «La balada de la masturbadora solitaria» dice:

«de noche, sola, me caso con la cama».

Títulos como «En alabanza de mi útero»:

«Querían cortarte/ pero no lo harán./ Decían que estabas desmesuradamente hueco/ pero no lo estás./ Decían que te encontrabas mortalmente enfermo/ y se equivocaron./Como colegiala cantas. No estás roto.»)

El poema «A mi amante, quien regresa a su esposa»:

«Es sólida.
Yo en cambio soy una acuarela. Me deslavo»

Por si fuera poco, acusa a Sylvia Plath (que se suicida antes que ella) de «robarle la muerte»:

«Ladrona,/ te escabulles allá abajo/te escabulles sola/a la muerte que tanto tiempo deseé para mí».

Aquella noche de año nuevo se deshizo junto a la luz de tres velas rojas. Seguimos buscando un camino a casa.
En tiempos de tormenta, podemos acercarnos a la ventana, escuchar la más bella canción- homenaje que haya sido compuesta y repetir ese verso de Anne Sexton:

«Aunque la lluvia maldiga la ventana,/ hágase el poema»

de «Mamá, Jack y la lluvia»)

Así sea.

© Javier Galarza



2.1.08

KAVAFIS Y LA MEMORIA DEL CUERPO


CUERPO, RECUERDA

Cuerpo, recuerda, no solo el ardor
con el cual fuiste amado;
no sólo los lechos sobre los cuales
te has acostado, sino esos deseos
que brillaban por ti en los ojos
y temblaban en los labios,
y un obstáculo fortuito
ha impedido que se cumplan...
Ahora que todo eso pertenece al pasado,
casi parece que te has abandonado a ellos...
Cuerpo, recuerda esos deseos
que por ti brillaban en los ojos
y temblaban en los labios.

Traducción: Juan Carvajal

Tomo este poema de Konstantino Kavafis (Alejandría, Egipto, 1863—1933); por una serie de vivencias siempre renovadas, relacionadas con este texto.
Hay obras de arte capaces de producir una marca o huella.
Reconocemos un buen poema porque no nos deja indemnes: no somos los mismos después de leerlo.
Poemas que nos piensan o nos dicen, allí donde cualquier otra forma del lenguaje colapsa.
La primera persona que me habló de «Cuerpo, recuerda», fue una chica, hacia fines de los años noventa. Me contó que pensaba en este texto cuando, por diferentes motivos, atravesaba largos períodos de soledad.
Entonces, le regalé una antología de Kavafis, con pétalos de una flor depositados en la página del libro que incluía el poema referido (a manera de señalador).
Años después, cuando una poeta amiga debió atravesar la complicada instancia previa a una intervención quirúrgica, le sugerí que pensara en este texto, para conectarse con el cuerpo desde un lugar que no fuera el dolor ni el miedo.
No muchos meses después, ella debió recomendarme el poema a mí, ante una instancia similar.
Algo de eso transmite «Cuerpo, recuerda».
Un dolor pequeño e inlocalizable, junto a la más vital pulsión del Eros.
«No sólo los lechos sobre los cuales te has acostado » — escribe Kavafis.
No sólo el deseo que escapó a la dimensión de la fantasía, sino también eso que, al no haber sido concretado, puede siempre resurgir.
Ante la pérdida de un momento fugaz, queda constancia de ese haber mínimo e indecible, a través de la memoria del cuerpo.
Un resto o estremecimiento. Todos los «podría haber sido».
Algo que actúa por sustracción: la dimensión inasible de las insinuaciones. Resto que hace al caudal inabarcable del deseo mismo.
La fuerza reparadora, incluso curativa, de un intercambio de miradas. Un mutuo y fugaz reconocimiento entre cuerpos. Ese saberse y no, no saberse.
Dulce nostalgia de lo no ocurrido, reparaciones pequeñas como la lectura de la carta de una amante de otro tiempo.
El poema: algo bello y evasivo como la seducción, cuando la vida nos busca donde no estamos y se hace amante, insinuación y promesa.
Glosando otro poema de Kavafis:
«El arte da cierta forma a la belleza, completando la vida de forma imperceptible, ante vagas memorias de amores incumplidos».

© Javier Galarza