Aquí el sorprendido, el alejado de su lenguaR. M.
La obra de Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1898- 1996) está concebida en la
tensión entre la tradición y la vanguardia. Moverse entre romanceros y coplas, honrar a Góngora y frecuentar a algunos de los protagonistas de la Generación del 27, pertenecer a Martín Fierro y a Sur, llegar tarde al ultraísmo, no velar nunca su nacionalidad en los poemas, son algunas de las cosas que lo transforman en un poeta particularmente singular. Tomamos aquí apenas un recorte de su obra, esa parte que parece caminar junto a las teorías del
ser, allí donde no casualmente, rinde homenaje, en uno de sus mejores poemas, a Stefan George.
I:
ELEGÍA
No miréis, acaso, estas palabras —sus duras urdimbres—, son las que tengo y no huyen.
Ellas creen de mí, como mi lengua. Cada día andaré más pobre, y las significancias más arduas. Sólo una no se perderá,
la que llega, levanta y merodea, igual a una hoja áspera, arañando el suelo..
por el gran patio del desasimiento.
Ricado Molinari
Lo que perdura no está acaso fijado por alfabetos, en tanto código
de signos.
Todo poeta tiene un más allá de las palabras, pues si el sentido
se coagula o se fija o se detiene, el peligro de la moral o la certeza está al
acecho.
Y cada palabra que apartamos del totalitarismo puede abrir discursos.
Esas
duras urdimbres son lo que tenemos en tanto hablantes, en tanto manera de acechar lo indecible.
Pero las palabras que huyen nos interpelan. Y la intemperie o la desnudez desandan las
significancias.
Todo gesto poético implica un paso más:
tal vez la
fidelidad a esa única palabra que es propia, manifestándose desde ese texto que permanece en lo no dicho.
Verbo que asume su indigencia entre las significancias arduas, y pide un despojo, como la hoja que se arremolina por el patio. Palabra que toca el desasimiento mismo, para que el poema sea posible.
jg
II
UN DIÁLOGO:
En su conferencia LA PALABRA, Heidegger se extiende largamente sobre el siguiente poema del simbolista alemán STEFAN GEORGE (Alemania, 1868-1933):
LA PALABRA
Sueño o prodigio de la lejanía
Al borde de mi país traía
Esperando a que la Norna antigua
En su fuente el nombre hallara -
Después denso y fuerte lo pude asir
Ahora florece y por la región reluce...
Un día llegué de viaje feliz
Con joya delicada y rica
Buscó largamente e hízome saber:
«Sobre el profundo fondo nada así descansa».
Entonces de mi mano se escapó
Y nunca el tesoro mi país ganó...
Así aprendí triste la renuncia:
Ninguna cosa sea donde falta la palabra.
STEFAN GEORGERicardo Molinari le dedica a Stefan George versos como los siguientes
si fuera útil vivir,
si fuera necesario,
en la bella elegía que transcribimos a continuación:
UNA ROSA PARA STEFAN GEORGE
Il va parmi ses fleurs;
et les souffles de l’air
Hölderlin
(Similis factus sum pellicano solitudinis)
No es la paciencia de la sangre la que llega a morir,
ni el sueño ni el mármol de Delfos, sino el polvo
que se calienta entre las uñas.
Qué importa morir, que se borren las paredes como un río seco;
que no quede una flor en la calle con su borde de luto en la frente,
ni el viento sobre las piedras podridas.
Qué haces allí, tronchado sin humedad,
con tu dicha sin aliento, con tu muerte tendida a los pies.
Con tu espuma llena de ceniza. Desdeñoso.
Ya vendrán los hombres con el ruido, con los gestos;
pero el odio seguirá intacto.
Todos te habrán estrechado la mano alguna vez,
y tú habrás bebido la cicuta en la soledad,
como un vaso de leche.
Adiós, país de nieve, de ventisca agria, sin gentes que digan mal
de ti. Eterno. Desnudo.
La sangre metida en su canal de hielo
—fuego sin aire— Jordán perdido. Si el tiempo
tuviera sentido
como el Sol y la Luna presos;
si fuera útil vivir,
si fuera necesario,
qué hermoso espanto: tengo la voluntad avergonzada.
Yo soy menos feliz que tú. Me quedo combatiendo
sin honor,
con un haz de ramas en las manos.
Duerme. Dormir para siempre es bueno, junto al mar;
los ríos secos debajo de la tierra con su rosa de sangre muerta.
Duerme, lujo triste, en tu desierto solo.
¡Esta palabra inútil!
RICARDO MOLINARI
III:
POÉTICA Y OTROS POEMAS:
Algunas palabras de Ricardo Molinari sobre su obra:
Esta es mi obra El tiempo jugado. Un extenso cuaderno de complejidades, dudas y experiencias, de aprendizaje, ejercicios y busca tensa de un tono de armonía interior saludable. Dulce y seco.
CASIDAS DONDE LA TARDE ES TARDE ES UN PÁJAROIEllos dirán al verme tan solo: va como un río, sordo en su corriente, desatado.
Ellos dirán que llevo la soledad parapetada por muchas lanzas, por el polvo,
que tengo los ojos cerrados, irritados por la luz.
Ellos dirán: mañana volverá a su muerte, a ser rehén, campo mustio de amapolas, tristeza sombría.
Ellos dirán: al fin la espada de su voz descansa junto a su cuerpo arrastrado por la tierra.
II
A mi lado va una mujer que lleva un angosto ramo de alhelíes, y el acero de sus carnes
mojado por la aurora.
Cargado de cadenas me ve el amanecer, con un jaguar que bebe mi sangre rodeado de
arroyos.
La curva del río nos llama por nuestros nombres, y no sabemos nada, porque estamos
en el sueño excedidos.
III
¡Oh, tú que te alimentas de mis pobres ojos y me dices: Siempre pensaré en ti,
hasta que se seque mi piel al sol y mi lengua se destruya bajamente por la arena!
- Repítelo, quiero estar protegido, porque mi corazón se ha acostumbrado a la desdicha.
IV
nadie te ha visto a mi lado como no se ve la savia de algunas flores;
te cubres de mí, andas por dentro para vivir sin peligro, y el aliento de tu voz se mezcla
con el mío, igual a dos hojas donde ha de brotar un narciso.
No pienso nada más que en ti, por eso busco la lluvia y las orillas de los ríos donde
crece el azafrán.
4 de abril 1939
Huye el día, pero la noche te encuentra conmigo;
veo llegar las lunas llenas; ya oigo el clamor del agua que empapa las lenguas ásperas
de los venados y acosa las raíces del desierto.
Quisiera que me lamentaran como a un muerto, porque he sentido por mi piel correr
a sangre de mis amigos.
Qué me espera vivir, si ya no he de ver los pájaros volando por el cielo, ni deseo larga
vida a las flores.
Pero ¡ay! quisiera saber aún cómo duermes.
ELEGIA
Anochece, a veces, ahora, veo un dulce espacio en la llanura, oculto en un campo verde;
liso, sin aire, diáfano; inimaginable de luz, y allí,
una mirada y un árbol que sombrea intenso con sus retorcidas ramas suntuosas unos muros.
Y allí, y siempre allí, una mujer que aguarda sin movimiento,
los ojos pasados en el infinito grande del vacío, tal vez vivos, y lleva otras ropas largas,
antigua, tensa y joven. Y nada más, ni un caballo,
ni un arroyo, ni un mísero perro.
¡Solo mi corazón ventea esa llama!
ENDECHAQuizás —en él — haya tomado el desdeseo y las penas áridas
del alma le lleguen abiertas, o lo abracen y deshagan sin mover los ojos
ni el cabello reseco encoja, desasosegado, al recibir
los gruesos vientos
de su nación; lo extraviado, que lo propuso
a la desprendida nada, al tiempo desentendido y escueto y angustioso. Extraño
lo hallarán los pájaros,
los descendientes temporales cansadores, mirando las horas sin esplendor, los días
muertos y desconocidos.
Allá donde acaso quiso;
donde llama
la perdiz grande;
arriba, donde aún resuena el tambor,
en mágico vacío vague.